June 22, 2008

Obama en la ruta

Cada día más gente, fuera de Estados Unidos, está entusiasmada con Barak Obama. La impopularidad de Bush y su gobierno agonizante, la guerra en Irak, perdida en la paz, y todo lo que se le pega, con o sin razón al Presidente “americano”, hace apetecible y esperanzador un cambio en la Casa Blanca por las palancas de poder mundial que allí se mueven.

Los datos son elocuentes: las simpatías por Obama en Francia lindan el 68 por ciento, en España el 67%, Nigeria (67%), Alemania (64%) e India (59%). Fueron estos los resultados de la encuesta del Centro Pew realizada en 24 países entre marzo y abril pasado. Se confía más en el demócrata en su rival republicano, John McCain, los presuntos (presumptive) nominados. Obama es un buen “refresh” para la imagen de Estados Unidos. Al menos, por ahora.

Los que van a decidir, sin embargo serán los ciudadanos estadounidenses que acudan a votar el próximo noviembre. A estos votantes no les importa lo que piensen los extranjeros, ni lo que vaya a cambiarse en la política exterior. A lo sumo lo que muchos si quieren es que los “muchachos” regresen a casa sanos y salvos.

Hay ciertamente muchos desafíos en el plano internacional, pero el “americano” común está muy angustiado por la recesión, los precios de los combustibles, por mantener sus empleos, su seguro medico y no estar expuesto a perder sus viviendas. Son problemas muy reales y muy cercanos a todos.

Obama ha demostrado ser atractivo para un amplio segmento de los estadounidenses. Es una esperanza en expansión, labrada en un largo y agotador proceso de primarias. Su figura es muy atractiva. No habla como afroamericano: su discurso trasciende esas y otras diferencias. Ha convencido pero aún le queda mucho por seguir insuflando entusiasmo. En el sur profundo la gente no lo compra fácil. Los argumentos pueden lucir superficiales: Obama es como Osama.

Está en la ruta pero aun queda camino por recorrer. Las primarias fueron un pulso con Hilary Clinton. Ella finalmente perdió la batalla por la nominación pero no la guerra. Tiene una carrera política aun en acto. Puede ser como Bill, “the comeback kid” quien perdió la reelección en la Gobernación de Arkansas pero volvió para recuperarla. Son gente extraordinariamente ambiciosa. Y curtida políticamente.

Los resultados agregados de las primarias arrojo una de 305 delegados y superdelegados; 123 en delegados comprometidos y 196 en superdelegados. El total general: 2,201 contra 1,896. En cuanto al voto popular, las cuentas de Hillary son muy discutible. Sin Florida y Michigan (que no contaron), Obama la supera por medio millón de votos; si se cuentan, como ella argumenta, la diferencia está a su favor por 120 mil. Pero esta variable no es regla de juego: son los estados los importantes, en primarias y en las elecciones. Estados Unidos es una Federación.

Obama lleva delantera y capitaliza esperanzas. Lo de mañana será ganarle a McCain. Hoy están 47 a 43%

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Junio 17 2008

June 22, 2008

Para el rediseño de la Junta Central Electoral

La actual configuracion tricéfala de la JCE (el pleno, la administrativa y la contenciosa) no fue el resultado de un diseño racionalizado. Lo que se impuso fue una solución politiquera a una coyuntura de pérdida de confianza al entonces presidente de la Junta.


La modificación de 2002 sembró la idea de una distinción orgánica de atribuciones que luce complicada por lo confusa. Es una situación insostenible que requiere soluciones definitivas para el mejoramiento de la administración de las elecciones incluyendo el manejo y solución de los conflictos y controversias.


En la legislación electoral y en la práctica de 46 años de celebración de comicios de diferente alcance se presenta una asimetría entre las Juntas Dependientes y la principal. Los Secretarios de las Juntas del Distrito Nacional y Municipales ha n sido y son los funcionarios ejecutivos y administrativo en sus respectivas circunscripciones. Algo que no se advierte en la Junta Central pues su Secretario asiste y cumple con funciones propias de un tribunal.


Desde 1986 se advirtió la necesidad de diferenciar las funciones. No solo para el desarrollo de una administracion eficiente de los procesos sino con el objeto de permitir que la misma instancia no fuera la misma para juzgar sus propias actuaciones.


La experiencia acumulada y la racionalidad aconsejan profundizar la separación de las instancias administrativa y contenciosa. Carece de atractivo y oportunidad volver al esquema previo de 1992 con una Junta de cinco miembros.


Las soluciones que se derivan de la comparación institucional con otros países no puede ser punto de partida en un planteamiento de reforma. Es la experiencia, las dificultades y los problemas lo que debe primar en el rediseño de la JCE.


La acción de reforma podría estar orientada a la creación de un Tribunal electoral y una Junta o consejo electoral. Las denominaciones es un asunto accesorio. Cinco miembros para el tribunal y tres para el consejo. Son membrecías aconsejables.


El Consejo debe tener funciones únicamente de naturaleza de administracion electoral; las quejas, los conflictos, el seguimiento de la vida intra e interpartidaria, la campaña y asuntos similares correspondería al Tribunal. La claridad de de la distribución funcional es calve para evitar conflictos dentro de la institución.


El rediseño del organismo electoral implica una solución de conjunto. Órgano de designación, calificaciones profesionales y habilidades de los elegibles, mayoría para las designaciones, remoción por desconfianza, reglamentaciones internas, responsabilidades de información pública. Si no se aborda como totalidad las cosas tienen vocación de no salir bien.


La reunión conjunta del congreso constituye un órgano que garantiza una elección de los miembros menos viciada políticamente. El senado es la cámara menos representativa. Una mayoría calificada tanto para la designación como para la remoción contribuiría a forzar la concertación en el contexto institucional.


Las condiciones profesionales para el tribunal han de ser las típicas para un órgano judicial. El Consejo de la Magistratura no ofrece la pluralidad ni la riqueza política que dispone la reunión conjunta del Congreso. El Tribunal y el Consejo por sus responsabilidades requieren del mayor grado de confianza política y publica.



La postulación de los elegibles debe ser hibrida. No únicamente provenir de los partidos sino que ha de ser enriquecida con mecanismos de participación de la sociedad civil en sentido muy amplio. Es aconsejable un comité de postulación que elabore una lista de postulados (30) para el tribunal 20 para el consejo. Las designaciones podrían ser individuales y no por ternas. Mayoría fija para la elección y la remoción: tres cuartas partes de la matricula.


La JCE luce complicada nos únicamente por la situaciones antes mencionadas. No hay disciplina colegial. Ningún órgano puede tener tantos voceros como integrantes. Se impone entonces una disciplina informativa.


Volver al pasado –que por cierto contribuyó a muchos problemas- no es la solución. No hay fundamentos racionales lo que estimula a pensar que son intereses de otra naturaleza lo que quizás podrían estar empujando en la regresión.


Land O Lakes, FL

1 de junio 2008

June 9, 2008

Un recuento del recuento

El recuento, el volver a contar los votos o el revisar las cuentas en las actas, no ha sido ajeno a nuestra experiencia electoral. En el 1990 se solicitó, se inició y, como se hizo sin método alguno, terminó siendo un ejercicio frustrado. En el 1994 se realizó una revisión completa del cómputo y el resultado no evidenció problema alguno en ese aspecto.

Una demanda de recuento prospera cuando los resultados son tan estrechos que cualquier pequeño error tiene potencial de hacer una gran diferencia. En nuestro sistema electoral no existe normativa alguna que lo reglamente. De ahí que para el que dice que ganó se puede convertir en una amenaza. Pero aun en países y estados en donde se contempla el recuento, cuando el margen está dentro de un porcentaje predeterminado, la ausencia de estándares puede generar caos e insatisfacción.


La elección presidencial del 2000 en Estados Unidos y, en particular, en la Florida dejó una cicatriz en la memoria política y electoral. El tema comparece a cada momento en el debate político y, ahora, en la campaña electoral.

Precisamente eso es lo que evidencia la reciente película auspiciada por HBO “Recuento” (Recount). Con muy buenos actores (Kevin Spacey, John Hurt, Tom Wilkinson, entre los más conocidos) trata de la elección mas controversial en la historia política del país. Y obviamente del recuento en los condados de West Palm Beach, Broward, Volusia en la Florida.

Esta siendo presentada repetidamente en los canales de HBO tanto en su versión original en inglés como en español. Y no es por caso que se haga en el presente cuando dentro de poco se iniciara el duelo entre los candidatos republicanos y demócratas. Tal y como está realizada, critica a los republicanos y presenta a la gente de Gore y los demócratas como víctimas de la trampa y la manipulación. Es una película inclinada a una de las partes y no a la presentación de una situación compleja en los que ni hay un bueno ni un malo químicamente puro.

Quien haya tenido interés en esa contienda, cuando sucedía, o la curiosidad de entenderla después, tendrá mayores posibilidades de comprender los detalles de la historia. Un público ajeno a las elecciones estadounidense no logra captar mucho de sus matices.

En julio 2007, en este espacio semanal, se ofreció una serie de cuatro comentarios sobre el tema (La tormenta de Florida, Infierno Electoral, La crisis de los inválidos y Para disipar la tormenta. http://jebfa.blogspot.com/2007/10/la-tormenta-de-florida.html). No viene al caso ahora volver a ellos.

El pecado de aquellas elecciones fue que la ruleta de detuvo en la Florida y que el margen de diferencia resultó irrisorio. Es crisis en cualquier latitud. El que gano dirá que gano y el que perdió sostendrá que perdió por trampas.

En el film se muestran las estrategias de ambas “campañas”: sus habilidades, sus mañas, sus aprovechamientos. Más que aceptarla como recuento, ha de recibirse como estímulo a la curiosidad.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Junio 10, 2008

June 9, 2008

Los decires posteriores

Nadie puede aventurar el costo de un proyectado edificio sin disponer de los planos y todas sus especificaciones. Es lo mismo afirmar como se ha hecho que el Estado no dispone de los recursos -por lo costoso que resultaría- para un rediseño institucional de la JCE, separando la instancia de administracion electoral de la contenciosa electoral.

Su costo eventual dependerá de la racionalidad del proyecto. Es posible que implique un costo menor reduciendo el gigantismo y la adiposidad de una burocracia en la que se aposenta un órgano colegiado integrado por una muchedumbre. Hay que hablar con papeles en la mano.

Se dicen muchas cosas sin la previa y adecuada reflexión. Verbigracia: que las Juntas Electorales de los Municipios y del Distrito Nacional han funcionado sin una distinción de funciones.

Si algo aparece muy claro en la legislación electoral y en la práctica electoral de 46 años de elecciones es el rol complejo y completo de los Secretarios de la Juntas que no se limitan, como en la Central, a asistir al colegiado sino que fungen como los verdaderos funcionarios ejecutivos en sus respectivas circunscripciones. Precisamente, desde que se comenzó a plantear la conveniencia de una diferenciación estructural y funcional en la Junta en 1986, se hacía hincapié e en esta asimetría entre las Juntas dependientes y la principal.

Ha de haber sido producto de la euforia y la excitación del momento la peregrina declaración de que, con la utilización de la tecnologia de los escáneres, en los recintos electores para el cómputo preliminar queda desterrada la posibilidad de las comisiones de seguimiento; que hasta pocos días antes del 16 de mayo todavía habían voces que clamaban por un de ellas. La tecnologia ni ayer ni hoy ha tenido ni tiene que ver con eso.

Ningún prelado ha dado resultados en elecciones pasadas ni tampoco han llegado a la JCE para hacerlo. La búsqueda de arbitrajes externos se ha debido a las deficiencias de credibilidad, a la sospecha de parcialidad y, por ende, su satelización en favor de una de las partes en liza. La potencialidad y/o realidad de estos secuestros es lo que generalmente ha motivado esta demanda por la comisiones.

No ha sido únicamente un problema de origen. Es un asunto de fracasado ejercicio de un arbitraje por naturaleza equidistante, recia y comprometida pero prudente y austera en palabras y hechos que no se ha ejercido adecuadamente. Se requiere que una función arbitral con esas características se mantenga por varias elecciones: es la única manera de “fijar” una imagen que no es a resolverse con modificaciones legales ni constitucionales.

Se advierte hoy una prisa injustificada en los planteamientos de reforma. Las cosas hay que dejarlas enfriar para pensarlas y analizarlas mejor. Todavía los partidos siguen disparando sus fusiles hacia fuera sin el necesario encastillamiento que requiere las insatisfacciones internas por sus desempeños electorales.

Seguimos siendo tan tropicales: siempre esperando ver la nieve caer con 30 grados como el cuentos peregrino aquel de García Márquez.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Junio 3, 2008

May 25, 2008

Los partidos, después

La elección del Presidente de la República, en un sistema presidencial como el nuestro, solo una es la opción que gana. Es un único cargo para un solo ganador. Si se suman las ganancias y las pérdidas de todos los jugadores, el resultado será cero. De ahí que sea un “juego a suma cero” de acuerdo al planteamiento seminal de Von Neumann y Morgensten.

Muy distinto es el caso de las elecciones congresionales y municipales. En ellas la mayoría de los partidos pueden ganar, unos más, otros menos. Es por ello “juego a suma variable”. El que obtiene la mayoría de los votos no se alza con todos los cargos: también los demás obtienen cuotas de poder en escaños.

Los partidos están enclavados en un contexto plural, de competencia e interacción. Compiten en las elecciones, logran resultados, cuantificados en votos, y mediante un mecanismo específico, esa votación se traduce en cargos en el Congreso y en los Ayuntamientos. El mecanismo es el “sistema electoral” en sentido estricto.

Al conjunto de interacciones de los partidos dentro del contexto institucional es lo que se conoce como “sistema de partidos. El boleto de entrada al sistema son las votaciones que logran en las elecciones pero sobretodo los cargos electivos que conquistan. Son las posiciones de poder las determinantes en la definición de los sistemas de partidos.

Giovanni Sartori siempre insistía en sus clases en el número de partidos para categorizar los sistemas, entre otras variables, pero advertía enfáticamente: “bisogna saper contare”. Saber contar los partidos es fundamental. El punto no es que sea grande o pequeño sino que sean decisivos en el momento de la estructuración de una coalición mayoritaria de gobierno. En una democracia “difícil” como la italiana, partidos algo más que minúsculos integran el sistema por sus posiciones determinantes

Una elección presidencial celebrada a solas, como la reciente, no determina por sí mismas una reconfiguración del sistema de partidos. Pueden sí develar, eventualmente, una tendencia en acto pero no mucho más de eso.

El PRSC, continuará con sus 22 diputados y sus 4 senadores hasta el 2010. Seguirá con el mismo peso que antes del 16 de mayo. Por más enfermo y roto que hoy esté.

La votación reciente muestra un PLD que ha tenido que pagar su desgaste. De presidencial a presidencial, se le evaporó el 4.08% pero de congresionales a presidencial solo un 2.67%. El presidente Fernández ganó por sí solo un 8.89% mas allá del obtenido por su partido. En el 2004 sucedió igual: un 8.09. Este tipo de ganancia en una competencia presidencial constituye, para fines de análisis del sistema de partidos, un factor coyuntural que expresa la fortaleza del carisma del candidato.

El resultado de las elecciones a lo sumo lo que ha mostrado es el debilitamiento del tercer pivote del sistema. Pero no que estamos ante un bipartidismo aun. Habrá que esperar la contienda congresional para orientarnos hacia dónde vamos. Un juego a suma cero no determina el sistema.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Mayo 27, 2008

May 25, 2008

Las elecciones del viernes

Las del viernes y la anterior de 2004, por igual, son de esas elecciones que los administradores electorales profesionales siempre desean. Un único nivel -el presidencial, y por ende, un computo más sencillo). Pero sobretodo: un margen tal de diferencia que no deja otra opción que su aceptación. Un 23.46% en el 2004 y un 13.35 en el 2008. Previamente, en el 2000, la diferencia fue también marcada entre la primera y la segunda mayoría: 24.93%.

Con diferencias de esas magnitudes no hay base alguna para que las impugnaciones prosperen. Avanzarlas es perder el tiempo y exponerse a un mayor desprestigio de ser ya el perdedor. Los fraudes colosales, los grandes fraudes, no existen. Si lo hay, a la política le sigue la conflagración. Las verdaderamente peligrosas son las elecciones de margen estrecho.

La reforma del sistema electoral en 1994, con el abandono de la mayoría relativa y la adopción de la absoluta, con doble vuelta, ha contribuido a ese efecto. Las de 1986, 1990 y 1994 fueron elecciones críticas y muy conflictivas por el margen estrechísimo de victoria. Aun en 1996 en cierto modo también lo fueron: un 8.03% en la primera vuelta y un 2.5% en la segunda.

Otro elemento que ha ayudado es la celebración de las presidenciales por si solas. El efecto ha sido muy positivo puesto que la conflictividad se reduce y concentra su ámbito. En las congresionales y municipales los intereses locales y las pugnas intra y inter-partidos aumenta. Si se celebran conjuntamente el clima electoral se complejiza y se torna critico. También eso contribuye a entender el ambiente de las elecciones desde los 70’s a los 90’s.

A reserva de realizar un esfuerzo más detenido de las elecciones, que ofrecen suficiente tela donde cortar, las del viernes quedaron muy bien. Y el mérito es por completo de la Cámara Administrativa. Hicieron buena planificación, laboraron intensamente, lograron los objetivos. En lo personal me declaro bien satisfecho por el desempeño del Director de Elecciones, Joel Lantigua, que ingresó y dio sus primeros pasos de la Dirección del proceso de 1993-1994. Ha hecho mucho camino al andar.

La cámara administrativa, sin desmerecer su rendimiento, tuvo algo que ninguna otra administración logro: abundantes recursos y manejo de su holgado presupuesto. Hizo cosas impensables en toda la historia anterior de las elecciones dominicanas. Tan solo hay que examinar las apropiaciones en el Presupuesto de la JCE.

A medida que han pasado los años las encuestas y los estudios de preferencia electoral juegan un papel conspicuo en las elecciones que se celebran en el mundo. Mas allá de su función como instrumento de trabajo y de campaña. Hubo muchas y sus publicaciones levantaron debate y discusiones. Lo fundamental de todas fue haber señalado la tendencia sostenida por casi un año.

Ninguna encuesta puede predecir con exactitud los resultados. Mas allá del margen de error, lo explica que el trabajo de campo nunca se hace tres días antes. Y es al final cuando se afinan las preferencias.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Mayo 20, 2008

May 25, 2008

El dilema del computo

Hasta que no concluyen las elecciones nunca se sabe qué situación conflictiva puede generarse. De ahí la necesidad de prudencia que ha de primar en la JCE, en sus miembros y, en particular, en su Presidente como vocero principal.

A la Junta no le corresponde únicamente organizar ni juzgar las elecciones. También hay arbitraje. Lo que se trata es que se realicen de tal manera que el resultado goce de aceptación y legitimidad.

No se contribuye al arbitraje acudiendo a programas populares para polemizar con dirigentes de partidos; afirmando que el que impugna se descalifica; defendiendo decisiones con rigidez extrema. La JCE no es un organismo yuxtapuesto a los partidos. La “forma mentis” del abogado litigante no es la de una instancia “Super-partes”.

La JCE no está para decir que en el primer boletín se podrá saber quién es el ganador ni menos que en él está sembrada la tendencia. Es políticamente incorrecto, indelicado y peligroso.

Nadie gana en el primer boletín. Por razones de simple matemática. Para disponer de la certeza de un ganador, debe esperarse el punto de irreversibilidad cuando lo que resta por procesar es menor que la diferencia entre la primera y la segunda mayoría. Y aun así no puede hablarse oficialmente de un ganador.

El ejemplo lo brinda el cómputo del 2004. La irreversibilidad llegó en el boletín 8 cuando se había computado el 79% del total de mesas. En el primer boletín con 353 mesas electorales difundido a las 10:23 de la noche la alianza PLD obtuvo el 51% y la del PRD un 39%. Nadie se atrevió a decir había un ganador.

El No. 8 fue producido a las 12:45 del mediodía del 17 de mayo. La diferencia era de un 22% (56.29% contra un 34.31); lo restante por computar ascendía a un 21%. Aun sumándole este porcentaje a la segunda mayoría no le ganaba a la primera. El resultado en ese momento era irreversible.

Lo de los escáneres es una tormenta en un vaso de agua. Las argumentaciones son muy débiles. Pero el punto es que unos quieren los resultados demasiado rápidos y los otros no. Es un asunto político. Por más que se razone.

La JCE busca acelerar el cómputo y por eso planeó un mecanismo para que en 742 recintos electorales se transmitan facsimilares de las actas susceptibles de ser procesadas por computadora. La información, entonces, seria difundida a los partidos principales, a la JCE y a las Juntas Municipales. Pero con ello no se busca obviar que las Juntas no hagan su trabajo.

Más rápido o más temprano tiene que hacerse el cómputo con base a las actas de mesas del país. Es un desacuerdo menor al que hay que buscarle la vuelta antes del día 16. Y es posible. Ahora bien: esperemos que la objeción a los escáneres no busque taponar las Juntas. Eso es lo que hay que tener bien claro para tomar con antelación las medidas pertinentes.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Mayo 13, 2008

April 26, 2008

Los invalidos

Jacobo Majluta se empecinó en 1986 que su foto apareciera varias veces en la boleta electoral porque respondía a una estrategia política. Es muy probable que le haya sido contraproducente precisamente por no compaginar con las reglas y disposiciones que habían sido establecidas.

Ha sido recurrente el argumento de que la doble foto de Majluta (en los recuadros del PRD y de La Estructura) generó una gran cantidad de nulidades. Que una gran cantidad de votantes marcaran dos veces convirtiendo el voto en inválido. En realidad los nulos no fueron únicamente del PRD-LE. Afecto a muchos otros votantes de diferentes preferencias. Eso se puede verificar en las decisiones de las 98 Juntas Electoral a partir del cómputo provisional.

¿Por qué la JCE no aceptó el doble marcado como válido en la boleta de aquellas elecciones? Porque ni técnica ni legalmente era posible. No había solución alguna a una situación como esa.

La resolución de la Boleta Única se produjo el 28 de junio de 1985, esto es, 11 meses antes del 16 de mayo de 1986. En ningún caso puede afirmarse que había sido emitida con una clara inclinación hacia algún actor. El proceso distaba mucho de estar definido en cuanto a candidaturas y condiciones políticas. El escenario electoral se definiría luego de la abortada Convención del Hotel Concorde y mas específicamente con el pacto aquel de La Union.

La boleta de 1986 fue la primera “Única” de las elecciones dominicanas. Fue mucho lo que se debatió sobre ella desde 1981 sin llegarse a un acuerdo. Como primera experiencia se convino en una boleta cerrada y bloqueada al punto que el votante solo disponía de un solo voto para los tres niveles de elección: presidencial, congresional y municipal. No había posibilidad alguna de fraccionar o combinar candidatos de niveles distintos de partidos diferentes.

Por otra parte, y por primera vez se concertaron dos tipos de alianzas: totales y parciales. La primeras cuando acordaban llevar los mismos candidatos en los tres niveles; parciales, cuando sostenían únicamente candidatos en algunas circunscripciones provinciales y municipales. La alianza PRD- LE fue una alianza parcial. Tenían el mismo candidato a la presidencia pero no al congreso y a los ayuntamientos.

Por esas razones no podía aceptarse –por indeterminación en la sumatoria y el cómputo- que un votante pudiese hacerlo en dos recuadros cuando los candidatos no eran todos los mismos. Ese era el caso del PRD-LE. Una boleta con dos recuadros marcados de una alianza parcial no podía ser contabilizado. En este caso llevaban si el mismo candidato presidencial pero no al congreso y a los municipios. Como la boleta no presentaba recuadros por niveles ¿Como podía computarse a nivel de congreso y municipio la preferencia del votante?

Era lo mismo que si una boleta apareciera marcada en el recuadro del PRSC y el PLD al mismo tiempo o del PRD y el PRSC. El voto tenía que ser anulado. Y eso fue lo que sucedió. Simplemente.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Mayo 6, 2008

April 26, 2008

La metamorfosis frustrada

La afirmación que los votos “observados” no se tomaron en consideración en 1986 no más que un mito. Lo contrario lo evidencian los resultados definitivos de esas elecciones. Los observados no aparecen como tales en los cómputos definitivos.

Determinar cómo fueron analizados y decididos los votos observados es muy sencillo. No hay que ir a los archivos polvorientos de esos papeles viejos. Basta únicamente hacer una comparación y calcular las diferencias entre el cómputo preliminar y el definitivo. El último boletín (No. 27) con el resultados de las 6 mil 24 mesas electorales fue emitido el 3 de junio de ese año y recogido en todos los diarios nacionales en versión facsimilar al día siguiente. El resultado definitivo, por otra parte, fue recogido en una publicación oficial de la JCE.

Ese computo no lo ofreció la Comisión de Asesores Electorales y menos su presidente, Monseñor López Rodríguez. Todos ellos fueron lo suficientemente cuidadosos. El hoy Cardenal actuó internamente con mucha responsabilidad, compostura y valor personal. Eso lo saben todos los que ahí estuvieron y se falta a la verdad sostener lo contrario.

El denominado voto observado no es más que un estado transitorio. Es el producto de un votante al que se objeta su calidad de elector. Se acepta con la condición de una ulterior verificación y examen. El único nivel en que parecen consignados es el computo preliminar puesto que la segunda etapa el provisional ya no aparecen por haber sido considerados y decididos sea como voto válido o invalido o nulo.

Repasemos los datos. Los votos validos en el preliminar ascendieron a 2 millones 76 mil 113; en el definitivo a 2 millones 111 mil 745. Eso significa una diferencia de 35 mil 632. El voto observado en el boletín 27 totalizan 28 mil 707 y los nulos 84 mil 695. En el computo definitivo no aparecen los observados y los nulos ascendieron a 83 mil 710.

La diferencia de los 35 mil 632 en los votos validos del definitivo muestra que los observados fueron validados como también lo fueron una porción de los nulos. ¿A qué partidos y candidatos se le sumaron los validados? En primer lugar al PRD y a la LE (11,749 y 2,336); al PRSC 13,870 y finalmente al PLD 7,198.

A Majluta como candidato fue al que más votos le sumaron: 14 mil 423; a Balaguer 13mil 860 y a Bosch 7 mil 198. Los votos observados no eran únicamente de Majluta y, por eso, solo se le sumaron los que le correspondían.

A menos que se aporte nueva evidencia que permitan un análisis razonable, continuar con el argumento de que los observados en 1986 no se contaron es una necedad; que cuenta con 22 años de edad. La metamorfosis se realizó. Ni se frustró ni se abortó.

El asunto de los votos nulos es otra historia.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Abril 29, 2008

April 20, 2008

El resultado que no fue

Las elecciones hay que estudiarlas todas si lo que se busca es encaminarse a entender la política dominicana. Obviamente que no todo se resuelve en ellas pero son procesos que tratan de la sucesión del poder; lo hayan o no logrado con credibilidad. No ayuda para nada acercarse a ellas con ideas preconcebidas. Total, elecciones pasadas son eso: pasado. Nada ni nadie podrá cambiarlo.

Hay elecciones que todavía hoy despiertan pasiones, enconos, decepciones y discusiones. Una de ellas es la de 1986. Aun se sostiene que el resultado no fue el que fue. Que ganó el que oficialmente perdió. En realidad, la única manera para examinar de nuevo lo que resultó es hurgando en los datos, comparando diacrónicamente algunas variables y razonando y explicando los hallazgos.

Hay que tener bien presente la información empírica del evento. Los inscritos en el registro electoral ascendieron a 3 millones 39 mil 347. De ellos votaron 2 millones 195 mil 455 de electores (72.23%), los votos inválidos fueron 83 mil 710 (3.81%). Los validos 2 millones 111 mil 745. El computo preliminar arrojo un total de 29 mil 15 votos protestados u observados. Los no votantes con respecto al registro electoral 843 mil 892 (28%).

Las dos primeras mayorías la registraron como partidos individuales respectivamente el PRSC (855 mil 565 – 41%) y el PRD (706 mil 588 33.5%). Una diferencia de un 7.5 %. Por candidaturas y alianzas que es lo que cuentan en el nivel presidencial: Balaguer [(877 mil 380 – 41.5%) (PRSC, PQD, PNVC)]; Majluta [(828 mil 209 – 39.2%) (PRD, LE, MCN y UD)]. La diferencia fue de 49 mil 171 votos, esto es, un 2.33%. Esos fueron los resultados.

La zona de sospecha que se ha esgrimido con respecto a esas elecciones, dado el margen de victoria menor de un 3 porciento, corresponde a los votos observados (29 mil 15) y los votos nulos (83 mil 710).

Se ha afirmado que los primeros eran perredeístas y, por consiguiente, no le fueron contados (si se hubiese hecho, la diferencia se hubiera acortado: a unos 20,156). Con respecto a los nulos también se argumenta que eran votos de Majluta, por el doble marcado de boletas PRD y La Estructura. Si, por igual, se les hubiera sumado los 83 mil nulos, Majluta, entonces habría ganado por 63 mil 554 votos. Si a todo ello se toman en cuenta algunas encuestas realizadas los resultados que fueron no fueron; y estaríamos delante a una manipulación escandalosa.

La evidencia empírica, sin embargo, dinamita esas argumentaciones. El proceso electoral -dejando de lado el conflicto intra PRD y Majluta-Gobierno Jorge Blanco- la primera y más importante complicación fue la reapertura de las inscripciones del registro electoral: una de las causantes de la votación observada.

La segunda, la alianza parcial entre el PRD y La Estructura (LE), ocasionó que en la boleta electoral – Majluta se empecinó que así fuese- a que apareciese dos veces.

Esto, para empezar.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Abril 22, 2008

April 14, 2008

Mañas nuevas

Sucede que en los días inmediatamente anteriores a la jornada de votación de cada elección, una cantidad apreciable de dominicanos se desplaza al interior para acudir a votar. Es que muchos siguen inscritos en sus lugares de origen, aunque tengan sus domicilios en Santo Domingo u otras ciudades de gran concentración poblacional. Es un fenómeno reiterativo por lo que puede considerarse un rasgo de nuestra cultura electoral.

El registro electoral, como conjunto de inscritos hábiles para ejercer el derecho al voto, constituye la pieza fundamental en cualquier elección. Como instrumento es el que permite organizar territorialmente las elecciones lo que facilita materialmente que millones de personas puedan acudir a lugares predeterminados con tal propósito. El carnet o certificado de inscripción –la cedula de identificación- es el documento que da fe de la validez de la inclusión en las listas de electores. Como tal es un documento probatorio.

El registro, por igual, es el mecanismo de control por antonomasia del principio “un hombre, un voto”: nadie puede estar más de una vez en las listas y, por consiguiente, votar más de una vez. Por ello es la principal garantía de la transparencia electoral.

El Registro es el elemento más costoso y laborioso del sistema electoral. Elaborar una base de datos y mantenerla actualizada dinámicamente requiere recursos, personal y, hoy día, tecnologia. Constituye por sí mismo un sistema que cumple funciones o tareas, con un flujo de entrada (nuevos inscritos), de salida (fallecidos) y de cambios (en la identificación, situación y estado personal y civil).

Requiere de eficiencia pero también de controles precisamente por su importancia política. Puede ser evaluado, además de cualitativamente, cuantitativamente. El registro electoral debe mantener una relación razonable con las estadísticas demográficas: con la población total, a nivel nacional y su distribución provincial y municipal; y la población en edad de votar (de 18 años y mas) llamada también población electoral.

A nivel nacional en 2006 y 2008, la tasa de inclusión es aceptable: un 92% de la población electoral está dentro del sistema. La exclusión es de apenas un 8%. Sin embargo cuando se analiza su distribución provincial y municipal se detectan situaciones a las que debe prestársele atención.

En 9 provincias, la cantidad de inscritos en el registro es mayor que la población electoral. El rango va desde un 100% a un 135%. Esto quiere decir que estadísticamente hay más electores que población en edad de votar.

Hay provincias que registraron un crecimiento negativo entre los censos 1993 y 2002. En esos casos puede entenderse el fenómeno de más electores que personas en edad de votar. Tal es el caso de Salcedo, Dajabón y Santiago Rodríguez.

Son distintos los casos de Pedernales (135%) y Monte Plata (130%). Despiertan suspicacia pues no hay razón que explique este superávit. De Pedernales se habló mucho en el 2006. Las estadísticas evidencian que hubo un trasiego de electores. En el 2002 la tasa fue de 102%; para 2006 de 135%. Un 33% de crecimiento por encima de la población electoral.

Hubo un trasvase de electores. Una maña nueva que nunca antes se había verificado. Con un claro propósito de manipulación electoral.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Abril 15, 2008

April 6, 2008

El dador

Hay una arquitectura del poder. En el ámbito de nuestra piel nacional es innecesario acudir al Jacques Lambert de los inicio de los años sesenta para ver la preponderancia presidencial en nuestro sistema político. Los 18 mil metros cuadrados del Palacio Nacional alojan únicamente al ejecutivo. Es el “nacional” importante. Los demás pedazos – el Congreso y la Suprema Corte de Justicia- anduvieron por largo tiempo sin casa propia adecuada.

En comparación, quizás forzada, en los Estados de la Union Norteamericana, esas edificaciones neoclásicas cobijan los tres brazos del poder institucional: el Gobernador, el Congreso y la Justicia. Viven juntos bajo un mismo techo.

El clientelismo ha sido y es. Es un término técnico trasegado al lenguaje político. Alude a una dependencia reciproca: tú me sigues, yo te doy. Obviamente que no es un mal nuestro ni reciente: Horacio Vásquez se indispuso con Mon Cáceres e hizo “revolución” por los empleos en el ferrocarril.

El Estado es el gobierno, el gobierno es el Presidente, el Presidente maneja infinidad de recursos tangibles e intangibles. Al final, lo bueno del dar se le pega mientras es Presidente. Cuando se trata de llegar los recursos no abundan para tanto. Sí hay muchos cuando se está y se quiere continuar. De ahí el gran ruido y la perversión que acarrea en las competencias electorales. El paso y la tentación del uso y del abuso es corto y grande.

No es la primera. Tenemos muchas experiencias. En la travesura han incurrido todos. Sin embargo, “mal de muchos, consuelo de tontos”. La esclavitud duró centurias al punto de convertirse en tradicional, pero eso no la justifica. Si el uso de los recursos ha sido recurrente alguna razón debe haber. La explicación ha de buscarse en situaciones estructurales, condicionales y culturales.

El gran reto es influir en el cambio. Hay diferencias entre el político y el estadista. Sin ser lo uno no se puede ser lo otro. Navegar siempre en aguas bien revueltas y mantener un apoyo y aceptación sostenida, son expresiones de mucho arte político. La metáfora platónica de la “Nave del Estado” trae la idea de un viaje hacia algún puerto. No que únicamente se de vuelta sobre un mismo punto o anclarla en el alta mar de lo que siempre ha sido. Si hay lamento por la manera en que funciona la sociedad, hacer más de lo mismo es de políticos solamente.

El Presidente es un hombre inteligente que maneja la palabra y los argumentos. Hay que escarbar en ellas. Eso de las “nominillas” tiene una estrechísima relación con lo electoral. Si inició en el 2005, en el 2006 se realizaron congresionales. Siguió la competencia para la nominación. Ahora, las presidenciales. Un trabajo político electoral de tres años ininterrumpidos.

La variable pobreza resulta muy atendible para explicar. Pero no ha de confundirse el dar mientras tanto se crean condiciones para generar empleos, con el “ayudar” a un activismo político. Se le paga, no para hacer nada. Todo lo contrario: para que trabajen en política “con tranquilidad de espíritu”.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA

Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Abril 8, 2008