December 23, 2008

Proyectos estramboticos

En el Congreso Nacional se mueven dos proyectos estrambóticos. El uno pretende conferir a la licencia de conducir la categoría de documento de identificación general; el otro, procura que los electores, en la práctica, voten con una especie de álbum fotográfico como boleta.

El de la licencia ha acarreado incluso una amenaza de interpelación a la JCE, algo totalmente disparatado. Constitucionalmente ella no es susceptible de serlo pues es un órgano electivo y no nombrado, como los funcionarios del ejecutivo y de los organismos autónomos.

Además, los precedentes de 1980 y 1993 cuando se intentó la interpelación lo reafirmaron: la JCE y sus miembros pueden ser únicamente cordialmente invitados pero no están obligados a asistir. Eso deberían saberlo muy bien los diputados pues la documentación se encuentra en sus propios archivos.

Por más que se lea el proyecto y el mismo informe de la Comisión de Justicia de la Cámara que lo estudio, no se logran determinar las razones por las que se quiere que la licencia tenga categoría de documento de identificación.

En uno de los “considerando” del proyecto se hace mención que “en otros países”, sin especificar alguno, la licencia tiene esa función. El caso más cercano es el de Estados Unidos.

Efectivamente, es práctica generalizada allí que la licencia, expedida por cada estado, se utilice como un indicador de identificación por contener la foto y la dirección del portador. Ahora bien, no por eso es documento de identificación pues no existe una credencial nacional de identidad.

La obtención de una licencia de conducir no es un derecho. Es un privilegio pues se otorga a quien demuestra un conocimiento y unas destrezas que son medidas en un examen teórico y práctico. Esa conceptualización es lo que permite su suspensión y/o revocación en casos de violaciones mayores. La licencia no la puede tener todo el que quiera.

La cedula es un documento de otras características. Todo dominicano que cumpla con la Constitución y las leyes tiene derecho al documento siguiendo el procedimiento y aportando su acta de nacimiento. Es, por tanto, el único documento de identidad obligatorio para todos los actos de la vida civil y, en adición, para votar en las elecciones. La cedula ni se revoca ni se suspende.

Que la licencia tenga controles de calidad y seguridad es más que necesario para demostrar que se tiene calidad para conducir vehículos de diferentes tipos, de acuerdo a las especificaciones. Pero solo eso.

En 1992 se unificaron la Cedula y el Registro. ¿Por qué ahora se quiere desandar ese camino? Si hay algo que peculiariza el tiempo en que vivimos es el robo de identidades. Disponer de dos documentos de identidad con diferentes controles y emisores estamos abriendo la puerta a mas desorden y, por supuesto, a la delincuencia del narcotráfico. No resuelve. Al contrario: complica.

No se sabe cuál es el fondo que subyace a una iniciativa innecesaria e inconveniente salvo que sea la expresión de una malquerencia neurótica o de un afán de expandir y asegurar el negocio.
Lo del álbum fotográfico para votar queda para otra ocasión.

© Julio Brea Franco 2009
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Diciembre 23, 2008

December 16, 2008

Mucho hablar, poco hacer

Hay problemas recurrentes en la política que no se acompañan de esfuerzos sostenidos para encararlos.

La última referencia a la utilización de dinero sucio en nuestras elecciones, provino de unas palabras introductorias de parte de un miembro de la JCE. No había en ellas propósito diagnostico para esclarecer la magnitud real del fenómeno que solo se supone, y del que se habla en términos generales, pero del que no se ofrecen evidencias concretas ni se motorizan acciones para enfrentarlo.

El narcotráfico es un problema innegable, que rebaza los ámbitos nacionales. Las drogas no solo ocasionan daños irreparables en quienes las consumen, sino que acarrean efectos negativos en la familia y la comunidad.

Su comercio multimillonario pervierte, altera, corroe y coloniza cualquier terreno en que se usa. Trata de feudalizar los poderes públicos. La carga de criminalidad que lo acompaña es sobrecogedora, encontrando terreno fertilísimo en países pobres y desiguales, sin esperanzas para grandes segmentos de la población.

Visto como fenómeno complejo, el combatirlo ha de ser por igual complicado. De ahí que las estrategias que sugieren los centros de experticio se conciben en acciones coordinadas en tres direcciones simultáneas: la represión policial, leyes adecuadas y operativas que agilicen una eficaz respuesta judicial y, lo que es más importante, la identificación y ataque directo a sus fuentes de financiamiento.

Esta ya demostrado que la represión de la criminalidad no resuelve mucho sin esto no se acompasa de una justicia asegurada y protegida, dotada de mecanismos agiles y actuantes. Pero lo grandemente dañino del narcotráfico es su agenciacion de dinero, fuente de su poder.

Atajar el avance y perversión del narcotráfico va mucho más allá de atender a las modificaciones de las leyes de financiación política en las campañas. Comprar diputados y senadores, síndicos y regidores no necesariamente puede ser lo más eficaz. Penetrar y socavar las dirigencias partidarias- que en definitiva son más permanentes que los electos-, perforar los gobiernos conquistando funcionarios altos y medianos, incluyendo la justicia, las fuerzas armadas y la policía, pueden ser más discreto y menos escandaloso que hacerlo en tiempo de elecciones.

El asunto, por tanto, ha de verse en su justa dimensión. Es un problema grande, de ramificaciones insospechables que puede tragarse todo; máxime cuando no hay ideas claras, convencimientos profundos y dedicación entusiasta y entregada en el liderazgo nacional. No hacer, o no hacerlo bien, es garantizar la derrota.

El dinero en política no se resuelve con reglamentos ni disposiciones legales. Ayudan, sí, pero se requiere de mecanismos efectivos y de personas de reciedumbre y equilibrio. Reglamentos y disposiciones legales son tan solo facetas en un gran engranaje de guerra.

Ciertamente, muchas voces se alzaron para que la reglamentación de la campaña se dejara para después de las elecciones. Es la filosofía de hacer mañana lo que se puede hacer hoy. Pero ya han pasado siete meses de las elecciones y nada ha hecho la Junta. Lo mismo sucede con la reforma electoral. Hasta ahora continúan sentados en las puertas del Congreso a la espera que se apruebe una reforma constitucional en la que pudo ser proactiva y no pasiva.- Como ha de ser.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Diciembre 16, 2008

December 9, 2008

El machismo del preferencial

La cuota femenina es palanca, no certeza. Es ventaja consciente y deliberada a favor de las mujeres para que en los partidos las prioricen como candidatas en un porcentaje mínimo factible. Pero ser candidato no conlleva un certificado seguro para ser elegido. Y el caso se aplica a ambos géneros. Si así fuera, las elecciones carecerían de sentido.

Vista como lo que es, entonces, pierde relevancia la acusación que se le formula al voto preferencial no solo de ser perverso sino de fungir como disolvente de la cuota. Razona mal quien pretende que esta sea únicamente efectiva cuando logra la plena simetría entre candidatos y electos. Además, si así fuese, serian las cúspides partidarias los electores y no los ciudadanos.

Si se quiere más mujeres en el Congreso y en los Ayuntamientos, sin valorar que la fuente de legitimación democrática ha de ser cuantitativa, habría que buscar, por consiguiente, otras soluciones de designación: el nombramiento, la cooptación o la asignación no electoral de los cargos. Y en tal caso no tiene significado hablar de cuotas y, menos, de elecciones.

La democracia es empoderamiento temporal de los mas y no de los poquísimos como quieren algunos partidolatras, que esconden de mala fe debajo de la alfombra la suciedad del verticalismo interno de dirigencias grupales que se reparten como piratas los puestos de poder.

Las manipulaciones de los resultados de las primarias no solo se evidencian, sino que pueden cuantificarse con nitidez. Con la complicidad de la JCE se cambiaron, en el 2006, 210 candidatos generando un masivo número de impugnaciones (154). ¿Parece poco?

El voto preferencial no es machista. No se la tiene con las mujeres. En tal caso son los partidos los machistas, que han debido ser obligados a postular más mujeres y aun así, de acuerdo a las estadísticas, ni siquiera cumplen adecuadamente con la cuota del 33%. En los periódicos se recogen abundantes notas de quejas provenientes de mujeres cuyos derechos fueron pisoteados. El que quiera que los revise para que lo compruebe.

El preferencial hace que todos los candidatos de una lista, sin importar en orden en que aparezcan, tengan la misma probabilidad de ser elegidos. Y eso es muy positivo pues se difumina la lucha por la colocación en las primeras posiciones que tendían a ser las “seguras” para alzarse con los cargos .

Y la cuota femenina aun con este tipo de voto funciona: se vence la resistencia a la postulación de mujeres. Se le da puestos al sol para que compitan por el voto de los ciudadanos. Las que tienen liderazgo y se han preocupado para hacerlo fueron muy votadas. Minou Tavares es un ejemplo.

Ciertamente que el voto preferencial tiene sus efectos en los candidatos presentados por los partidos. Lo mismo puede decirse con respecto a las mujeres, pero no es eso asunto de discriminación de género.

No se puede despachar a la ligera la conclusión de que el voto preferencial es machista por mas análisis de circunscripciones grandes o pequeñas. Si el electoral es pensado como sistema, como conjunto de elementos en interacción, entonces el bosque debe verse como tal sin privilegiar unos cuantos arboles.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Diciembre 9, 2008

December 3, 2008

La cuota como palanca

La inequidad de la situación de la mujer en comparación a la del hombre es una realidad insoslayable. La geografía del discrimen es global. Aun en el 2007, los indicadores muestran que “la inequidad persiste”. Ha habido mejoría, pero se aprecian aun retrocesos e incluso pocos progresos. Hay zonas geográficas mejores y otras peores.

El avance es una resultante de los esfuerzos internacionales promovidos por Naciones Unidas. Desde ella, más allá de la expresión de preocupación, se han realizado análisis diagnóstico y trazado y acordado líneas de acción.

Desde México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985) se fueron construyendo las bases para la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en Beijing 1995, donde se aprobó una Declaración y una Plataforma de Acción.

Fue de Beijing de donde se desprendieron las llamadas políticas de “acción positiva” o acción afirmativa, que procuran acortar las brechas entre mujeres y hombres. Una de ellas es la denominada “cuota femenina” en la representación política.

Es acción positiva: interviene alterando conscientemente una teórica y formal igualdad de acceso a los cargos electivos para favorecer la visibilidad política de la mujer. Se le otorgan ventajas para que puedan ingresar y actuar en los órganos representativos en los que han estado en escandalosa minoría. En el mundo masculino la mujer se encuentra devaluada, instrumentalizada, cosificada.

Se habla de cuota pues se establece un mínimo de mujeres que han de ser incluidas en las listas de candidatos. La casuística es muy variada y gira entre el 20% y el 50 %. Cada país ha fijado y fija la magnitud. El requerimiento de que los partidos tengan postular mujeres ha contribuido a que hayan sido elegidas y desde dentro han comenzado a forzar sus propios liderazgos.

Las cuotas no implican que las mujeres sean elegidas en el mismo porcentaje. Es un error analítico enfocar el asunto de manera cerrada. Las cuotas se refieren a candidaturas y estas van a depender, para ser electas, de la votación que obtengan en las elecciones. La cuota es una herramienta, una palanca, una ayuda para perforar un ambiente y una cultura que ha sido tendenciosamente refractaria.

Como el sistema de cuota por sí mismo no asegura mayor cantidad de mujeres electas, se han excogitado ajustes adicionales: con el mandato de posición en las listas se establece cierto tipo de orden para que no sean relegadas a los últimos puestos. Como caso extremo se suele mencionar a Rwanda que ha fijado una cantidad de puestos electivos y gubernamentales para ser desempeñados por mujeres.

Si se quiere que más mujeres ocupen posiciones, y que las alcancen mediante elecciones, tienen ellas que desarrollar liderazgo. Y el liderazgo se forja con el trabajo y la acción continua.

Ciertamente hay muchas barreras y limitaciones pero ellas han sabido dar batallas y avanzar.
Las cuotas ayudan a estimular la participación y ésta a alcanzar visibilidad. Este solo esfuerzo es factor de cambio dentro de una cultura reacia; que no se transforma en un tris. La mujer ha de ser ayudada -sin duda alguna- pero eso no la exime de tener que hacer su trabajo.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Diciembre 2, 2008

November 26, 2008

Objeciones Futiles

Cualquier necio puede afirmar que el Pico Duarte es más alto que el Monte Everest y sin embargo por mas tierra que le echen encima no podrá superar los 5 mil setecientos 61 metros de diferencia. Lo repiten de espalda a las mediciones autorizadas, Lo peor es que hay gentes que les creen.

El ejemplo es extremo, ciertamente, pero es similar a lo que ocurre con temas que se debaten, o se hablan, públicamente. Uno de estos es el relativo al voto preferencial.

Pese a la evidencia empírica, se ha dicho que es antidemocrático. Por más esfuerzos que se hagan para tratar de entender la idea que de democracia tiene esa gente, si 7 de cada 10 votantes dominicanos ha marcado una preferencia en las dos recientes congresionales (2002 y 2006), no hay razón alguna para sostener que es elitista.

La democracia es participación y empoderamiento del “demos”. Todos los partidos se autoproclaman serlo, incluso de haber sido la herramienta de la democracia dominicana, ¿Cómo es posible que sin ton ni son quieran argumentarlo lo del voto preferencial? El fue que dio poder a los votantes para que entre el 65% al 77% alteraran el orden de las listas de candidatos. Las estadísticas están ahí y son totalmente comprobables.

Los partidos no solo deben decir que son democráticos sino demostrarlo. No basta la democracia entre partidos. También es imprescindible la democracia interna. Cualquier elección interna implica competencia, enfrentamientos y luchas. Las primarias tienen siempre el peligro de la centrifugación pero aun así no por ello deben eliminarse.

Sorprende entonces que gente inteligente y experimentada sostenga que el voto preferencial produce guerrilla interna y “canibalismo” cuando termina siendo menos dañina que las primarias. El ruido no de crea al momento de la configuración de las lista de candidato sino en un segundo momento, en las votaciones, y fuera del ámbito interno de los partidos. No se puede argumentar un efecto perverso cuando no produce divisiones estructurales. La dialéctica interna de cualquier partido responde a otras razones y causas.

Ahora resulta que el voto preferencial estimula el clientelismo cuando este es una característica de un tipo de política que se da con o sin voto preferencial. ¿Acaso no es más clientelista el montaje de las listas de candidatos entre una dirigencia que está en pleito continuo?

El dinero sucio perfora todo, compra todo. El narcotráfico no se combate únicamente con represión. La fuente de su desbordado poder está en su acumulación capitalista. Hasta que no se la dinamite seguirá siendo nocivo incrementalmente.

Los grupos económicos no pueden comprar votantes aunque si suplir dinero para las campañas pero anunciarse mucho no es garantía de conseguir el puesto si es mediante elección competitiva. El voto preferencial ni tiene culpa ni mucho menos la aumenta.

Que los partidos no lo quieran puede ser entendible aunque en ningún caso aceptable. Que los administrativos de la JCE no lo quieran, a eso hay que llamarle se le llama manipulación irresponsable de argumentos fútiles.

Y a todas luces no lo quieren pues le tienen miedo a realizar unas elecciones eficaces con el voto preferencial. Pero eso no es honesto, profesional ni institucionalmente.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Noviembre 25, 2008

November 11, 2008

El rebote americano

I

Con un nombre exótico, medio negro, medio blanco, con una hermana musulmana, Barack Obama, desde la plataforma de los demócratas, logró imponerse en la elección americana del 4 de noviembre.

Sin duda fue histórica. Piénsese en el esfuerzo que ha debido implicar, en un país de predominio blanco (67.4%) con componentes minoritarios importantes: negro (13.4%), latino (14.1%) y otros (5.1%), la victoria de un afroamericano. El resultado desdibuja la imagen de un país de gobierno “blanco” de por siempre y acentúa el rasgo de una sociedad de oportunidades.

Sin embargo, Obama no ganó con un discurso racial. Ninguna minoría se impone como tal a una mayoría. El suyo fue un predicamento unitario. Ahí está una de las claves.

En su triunfo se conjugaron varios factores: subjetivos, objetivos y de oportunidad. El primero es el liderazgo y el gran carisma de Obama. Su talento como comunicador y su conectividad con la gente. La excelente estrategia de su campaña, el brillante trabajo político de un partido finalmente unificado.

De otra parte, los grandes problemas del país y la quiebra de la administración Bush –un presidente con muy mala suerte (9/11, Katrina, crisis económica) y errores grandes: Irak (victoria en la guerra, derrota en la paz). A Bush se le endilga de incompetente, aunque ningún presidente gobierna solo.

Entre las preocupaciones de los americanos la crisis económica es la principal. El 57% así lo considera. Las otras tiene menos cuerpo: la guerra en Irak, por ejemplo, solo alcanzó el 13% o la inmigración indocumentada apenas un 5%.

Alrededor de un millón y medio de familias han perdido sus casas, muchos se van viendo sin empleos, otros erosionados sus fondos de retiro. Asuntos muy concretos. Ganar una elección no depende únicamente de buenas y acertadas palabras. La contingencia y el contexto pesan.

La sostenida tendencia gananciosa de Obama frente a McCain se advirtió nítidamente a partir del 16 de septiembre: del 46% sobre 45% hasta alcanzar, el 3 de noviembre, el 51 sobre 44. Esto es, a partir de la quiebra de los bancos, el mapa comenzó a cambiar aceleradamente y los indecisos a convencerse.

Hay elecciones en las que la gente se siente más impelida a participar. La de 2008 fue concurrida pero no rompió records. Fue en la terrible década de los sesenta donde se marcó el pico: en 1960, (Kennedy vs. Nixon) la participación alcanzó el 63% de la población electoral de entonces.

El martes 4 la participación resultó de un 61.7%. (124millones 33 mil, según los preliminares), tan solo dos millones más que en la elección de 2004. El dato final y preciso está por venir, luego que se solucionen las controversias en algunos estados.

Lo que sí ha quedado claro fue que votó mucha gente joven, más afroamericanos, más latinos, y más asiáticos. El voto temprano fue sumamente concurrido: 31.7 millones (por lo menos en 30 estados). Las largas filas entonces hicieron temer una inundación de votantes para el martes 4. Sin embargo no fue así. Las filas en el “early vote” se explican pues los recintos electorales son pocos y reducidos su personal.

II

Obama ganó aunque el recuento final de votos en el colegio electoral cambie. Los once votos de Missouri al 12 de noviembre quedan aún por asignarse. Podrían ser de McCain o de Obama. El resultado fue muy estrecho 0.2%, apenas unos 5 mil votos, y se registraron problemas en unos pocos pero decisivos recintos: le enviaron listas de electores equivocadas (sic!).

Hasta ahora: 365 Obama; 162 McCain. Luego de Missouri, podría terminar 365 a 173 o 376 a 162. Obama 65 millones 378 mil votos (53%); McCain 57 millones 381 mil (46%). El margen de victoria fue de 7 millones 377 mil (6.7%).

El colegio electoral demostró nuevamente sus beneficios: amplifica la victoria y refuerza la legitimidad. Por el sistema electoral con un 7% de diferencia en el voto popular se generó una diferencia de un 38% en el colegio. Por eso da la impresión que Obama barrió. Pero no fue así.

Ciertamente, el que gana una elección ganó, sin embargo ver la realidad ayuda a calibrar mejor la temperatura política. Fue una victoria significativa pero no arrolladora. Hay dos maneras de valorarla: el voto popular y en el Colegio Electoral. Está claro que la decisiva es la segunda.

¿Fue histórica en estos aspectos? No tanto. En las 15 elecciones presidenciales recientes, 1952 a 2008, por ejemplo, Reagan en 1984 logró un margen de 16 millones 800 mil votos (18%); Johnson (1964) 15 millones 991 mil (23%); Eisenhower 9 millones y medio en 1956 (15.4%); Clinton, en 1996) 8 millones 200 mil (8.5%). Todas diferencias mayores del 7% de Obama.

Los datos anteriores incluyen reelecciones en las que se suele ser más generosos con los presidentes. En primeras elecciones Eisenhower, Johnson y Bush padre. Los porcentajes de diferencia fueron bastante mayores.

Ciertamente, Obama recibió un sólido mandato como Presidente, y los demócratas también que ahora controlan ambas cámaras en el Congreso. Políticamente actuará en el marco de un presidencialismo unitario.

Las expectativas son inmensas, en el país y en el exterior. Es positivo por un lado y riesgoso por el otro. Las decisiones tienden a marchitar finalmente las ilusiones. Puede que las decepciones vengan más rápido.

En esta elección Estados Unidos ha demostrado, nueva vez, su gran capacidad de rebote, de responder a situaciones críticas con nuevos recursos e ideas. Por lo pronto, su imagen internacional ha cambiado por el momento: Obama es una esperanza. Después del 20 de enero, de su histórica inauguración, y de los primeros cien días, vendrá el enfrentamiento con la realidad.

Obama es un líder inspirado e inspirador, un hombre decente y de buenas intensiones. Ya empezó a dar: invitar a cambiar de actitud, en una cultura como la americana, es avanzar. Pero hay en ella, por igual, un alto componente pragmático. No se dejan enamorar por las palabras, como en otros lugares. Serán los hechos y los cambios que los toquen, los que dirán si se anda por caminos nuevos. Ojalá que Obama lo logre.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Noviembre 11-18, 2008

November 4, 2008

La renuncia como condicion

Uno de los aspectos oscuros y sorprendentes de la propuesta de reforma constitucional en curso es la que aparece marcada como articulo 18. Se refiere este a la nacionalidad y establece, además, que los dominicanos pueden adquirir una nacionalidad extranjera sin que ello implique la pérdida de la dominicana. La formula no es nueva: se introdujo en la reforma de 1994.

Tampoco lo es la prescripción, recogida en su numeral primero, que limita a quienes tengan doble nacionalidad optar por la Presidencia o Vicepresidencia de la República.

Lo novedoso es el agregado: se extiende el límite al ejercicio de cualquier otro cargo electivo, de nombramiento (a nivel ministerial) o diplomático en el exterior o en organismos internacionales. Solo podrían desempeñarlos únicamente los que tenga la sola nacionalidad dominicana. El que quiera optar deberá renunciar a cualquier otra nacionalidad extranjera.

Cuando cualquier dominicano toma la decisión de adquirir otra nacionalidad lo ha hecho a sabiendas que no perderá su original; de que podrá ser titular de ambas sin que por ello infrinja la Constitución. Ese es un derecho que se le concede y que puede ejercer libérrimamente a la luz del sol.

La nacionalidad es un vínculo del individuo del individuo con el Estado del que se desprenden derechos y obligaciones. Como tendencia a los estados les interesa que ese vínculo perviva y es eso lo que explica que acepten la doble nacionalidad. Ser titular de otra nacionalidad es un derecho de todo dominicano del que no tiene que dar explicaciones a nadie.

Reintroducir el carácter excluyente de la nacionalidad dominicana para ejercer cargos viola ese derecho reconocido por ella misma y violenta el ámbito privado de la persona. Es una mala solución para situaciones que pueden ser reglamentadas de manera distinta.

Optar por cargos y posiciones en la administración pública atañe al ejercicio de la ciudadanía (que es otra cosa) y de la que se desprenden derechos políticos pasivos y activos.

No se deja de ser nacional aun cuando se establezcan condiciones de elegibilidad, inelegibilidad o incompatibilidad para determinadas posiciones públicas. Pero ello nada tiene que ver con el hecho que se tenga otra nacionalidad.

Hay una soberana confusión entre nacionalidad y ciudadanía. ¿Por qué se ha de renunciar a cualquier otra nacionalidad como condición de elegibilidad para cargos y posiciones?

La misma constitución es la que define, cargo por cargo, las condiciones específicas para optar por uno de ellos. En general, se fijan límites de edad, de residencia y, en algunos casos, de calificación profesional. Esas son las únicas condiciones que deben cumplirse.

Estados Unidos ha ejercido presiones para que un dominicano, con nacionalidad estadounidense, no desempeñe cargos diplomáticos ni consulares ante su gobierno. Como estado tiene soberanía para exigirlo. Pero eso no significa que tengamos que salir corriendo a modificar nuestra constitución para complacerlos. Hay otras soluciones.

Los dominicanos en el exterior tienen razón para estar enojados con lo que se pretende. Es una propuesta sin fundamento y políticamente inoportuna. Y tendrá su costo político: para el que propone y el que aprueba.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Noviembre 4, 2008

October 28, 2008

La conjura

Todo apunta a la existencia de una conjura contra el voto preferencial. En la JCE, mientras una de sus voces destaca un efecto supuestamente perverso contra las mujeres, otra lo acusa de ser el causante de problemas en las congresionales.

A reservas de tratar luego sobre la maldad del preferencial como neutralizante de la cuota femenina, el otro planteamiento es ligero y superficial. No resiste el diagnóstico ni los datos que dimanan de las experiencias acumuladas en nuestros comicios.

Para entendernos mejor, el voto preferencial consiste en la posibilidad que se le atribuye al votante en las elecciones a la Cámara de Diputados y en su circunscripción electoral para que, además de escoger la lista de candidatos presentada por el partido de su simpatía, pueda marcar el nombre de uno de ellos como su preferido. Se vota por una lista y dentro de ella se señala uno como el de su mayor agrado.

El voto preferencial es un mecanismo de democratización, una herramienta que se usa para debilitar la tendencia al absolutismo de las dirigencias que detentan el poder en los partidos.

El dirigismo interno de las cúpulas se ha atacado, empujándolos a realizar elecciones internas (llamadas primarias porque se realizan antes que las nacionales) para que sus membrecías sean las que escojan los candidatos. Sin embargo, no siempre esa democracia interna se logra. Pero además como es solo una parte de los votantes la que está afiliada de los partidos, se les da a todos la posibilidad de reordenar las listas.

En el país han sido dos las experiencias con el voto preferencial: 2002 y 2006. La JCE, cuando lo adoptó no lo hizo adecuadamente y por eso se presentaron problemas en ambas elecciones. Pero no fue el voto preferencial por sí mismo el causante: fue la manera en que se reglamentó y se implantó técnicamente. Sobre las razones de esas dificultades ya dedicamos un par de comentarios [El mísero detalle técnico y El clavo de la herradura, abril 2007].

La experiencia ha mostrado el amplio uso que han hecho los dominicanos del voto preferencial y el impacto que ha logrado en ambos procesos. En cuanto a lo primero piénsese que en 2002, por ejemplo, el 68% de los votantes marco una preferencia. Sucedió en todos los partidos aunque en algunos más que otros: en el PRD el 71% de sus votantes; entre los del PLD y el PRSC lo utilizó un 66% cada uno.

Pero donde el voto preferencial ha mostrado su impacto político positivo es precisamente en el reordenamiento de las candidatos en las listas de los partidos. Tan solo en el 2006 (en el 2002 fue por igual muy significativo) los datos son elocuentes: la votación preferencial recolocó los candidatos en los tres partidos: En el PLD en un 69%, en el PRD, un 67%y en el PRSC en un 77%.

Ha sido todo un éxito. Y por ello las dirigencias partidarias no lo quieren: disminuye sus poderes. Lo peor es que la JCE, sin conciencia de lo que dice, se está sumando a una conjura en contra de la expresión popular.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Octubre 28, 2008

October 21, 2008

Lo que sobra, lo que falta

El texto de la proyectada constitución es en extremo extenso. Ya se advertía la excesiva extensión en el anteproyecto elaborado por la Comisión. La aritmética ayuda a verlo en magnitudes comparables: se le cuentan 23 mil 572 palabras. En contraste con la vigente que solo tiene 12 mil 600. Su contenido es el doble.

Es razonable entender una mayor extensión, pues hay novedades en el proyecto. Sin embargo, y a pesar de ello, su tamaño ha de invitar a examinarlo con propósitos de concisión. Por demás, deberá ser sometido a una detenida corrección de estilo. Es de esperar que se preste atención a estos aspectos formales.

La extensión no se debe únicamente a asuntos de estilo y léxico. Hay cosas que sobran y, por contraste, otras que faltan. Se incluyen aspectos y detalles que no son propios de constitucionalización por lo que deberían ser dejados a la legislación adjetiva.

Pero hay más: una excesiva extensión y detallismo hipotecan el futuro creando problemas y necesidades que pueden traducirse en tentaciones de reformas y modificaciones. La inclusión en la reforma de 1994 de los colegios cerrados –un mecanismo costoso para el votante como se demostró en la práctica- fue un tópico que acompañó la desatinada reforma del 2002. No es nada nuevo afirmar que las constituciones extensas tienden a desprestigiarse por las necesarias adecuaciones que se derivan de los detalles.

Hay muchas cosas que sobran. En el Titulo V, pero no únicamente, abundan las palabras y los detalles innecesarios en un documento constitucional. La comisión fue integrada con demasiados abogados, y los que disponían de una formación adicional al parecer no la utilizaron.

Pero aunque sorprenda hay cosas que faltan. No se definen, a guisa de ejemplo, las condiciones requeridas para ser miembro de los órganos de justicia y administración electoral. Por la naturaleza, importancia y delicadeza de la función electoral eso ha de merecer la constitucionalización.

Se dirá que ni siquiera en la constitución actual se definen los requisitos de elegibilidad y que eso es materia de la ley electoral que es donde aparece. Sin embargo, hay que insistir una vez más que esa fue lamentable ausencia; y la pobre importancia que tenían las elecciones hasta 1978. En el tráfago de aquellos años, se planteó una reforma en materia electoral en la que se disponía muy claramente al respecto. Fue una normativa anclada en las lucidas sugerencias de la misión de la OEA de octubre de 1961.

No es posible que se detallen los requisitos para fungir como Juez de Paz y que el proyecto se calle respeto a los integrantes de los órganos electorales.

¿Seguiremos con la supremacía monopólica de los abogados en el brazo de la administración electoral? No necesesariamente un abogado es un buen administrador -lo que implica saber planificar y administrar proyectos. Hay entonces que someter a escrutinio los requisitos profesionales y pluralizarlos con otros saberes.

¿No es eso acaso necesario que este incluido en la Constitución para protegerlo de los ajustes contingentes y partidarios a los que se somete la ley electoral?

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Octubre 21, 2008

October 14, 2008

La mayoria insuficiente

Lo que dicen los políticos camino a unas elecciones, en la campaña, no puede ser tomado demasiado en serio. Son afirmaciones y argumentaciones que no suelen ser objetivas pues lo que procuran es simplemente entusiasmar, confrontar, atacar o confundir. Solo en ámbitos reposados es posible razonar y convencer con planteamientos teóricos y experiencia histórica.

Desde antes de iniciar su procesión electoral en el 2006, el Presidente Fernández dejó ver su intención de propiciar “cambios profundos” en la estructura político-institucional mediante una reforma a la constitución. Ya desde entonces insistía no en una “constituyente” sino en una asamblea revisora.

Según sus decires de entonces, había primero que pulverizar la “tiranía de una mayoría momentánea en el Congreso, que impone su voluntad; que es legal pero no legítima en el sistema democrático”. Se refería al PRD que al 2006 disponía del 56% de los escaños cuando el PLD controlaba el 23%y el PRSC el 21%.

El mayo de 2006 cambió la cara de la moneda. Ahora, el PLD controla justo el mismo 56% del Congreso mientras que el PRD cuenta con un 31 y el PRSC con el 12%. La situación, en términos de aritmética parlamentaria, es exactamente contraria a la anterior.

Si antes había cuantitativamente una supuesta tiranía del PRD, ahora también la habría pero del PLD. Claro, eso es en términos numéricos. No necesariamente tener mayoría conduce al uso, al abuso y al despotismo congresionales.

La dicotomía mayoría -minoría se aplica en contextos distintos. En el ámbito electoral no puede hablarse de dictadura y menos de tiranía. Lo que se aplica es el principio de mayoría: gana más quien cuenta con mayor votación. Pero los votantes son conglomerados y la multitud no es la que gobierna. Obviamente pueden cambiar a los que gobiernan pero no hacerlo directamente.

Del momento electoral lo que deriva es una distribución política en los órganos representativos.
Y es precisamente en ellos –en los sistemas parlamentarios- donde frecuentemente actuaba la perversión despótica de la mayoría: paralizaban Ejecutivos empujándolos a las crisis. En Filadelfia el “despotismo electivo” que preocupaba a Jefferson y Madison se resolvió con la separación de poderes y los frenos constitucionales. Ningún gobierno presidencial ha sido paralizado por el Congreso. Es otra lógica y otra ingeniería.

Tanto en los Congresos como en los Parlamentos desde dentro, se “inventaron” garantías para que la minoría hiciese valer sus derechos: las mayorías parlamentarias constituyen una de las herramientas para lidiar con el peligro de la imposición de cualquier mayoría arrogante.

La cosa es simple: Se colocan asuntos que para ser decididos es obligada la negociación y el compromiso. Como son mayorías altas – poco probable que cualquier bloque disponga de tantos votos. O se habla y se acuerda o nada se hace. Para eso son las mayorías.

El mecanismo de reforma constitucional que tenemos no ofrece garantías suficientes a la minoría; menos aun induce a la negociación obligada.

Estableciendo para la votación una mayoría más calificada en la Asamblea se podría salvar esta reforma de la imposición. Más acá de la Constituyente, que es donde radica el cortocircuito.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Octubre 14, 2008

October 7, 2008

Los opuestos necesarios

Escuchar y preguntar no es discutir. La discusión presupone confrontación de puntos de vistas, opiniones y pretensiones opuestas en un diálogo o una conversación. Y al finalizarla, poner en claro las posiciones que lograron encontrase y las que no. Solo por ese camino el ejercicio puede resultar positivo.

Discutir la reforma que se ha avanzado es lo que corresponde cuando se encarrila al proceso de decisión. Es debate que habrá de provocarse en el escenario colindante al del órgano de decisión. Hay que forzarla en el Congreso, primero, sobre el proyecto de ley que declara la necesidad de la revisión constitucional. Después, en la fase de la Asamblea Nacional, cuando se reúna como Revisora.

Para catalogar una deliberación como democrático deben existir posibilidades reales de participación y debate. Todo eso toma su tiempo: será más largo cuanto más abierto y legítimo se pretenda que sea. Los pedidos de rápida aprobación -¿a que la prisa?- evidencian deseos de imposición.

Hacer una discusión positiva no es fácil pero hay técnicas imprescindibles para ello. Las normas y reglas parlamentarias constituyen la herramienta por antonomasia para el montaje de decisiones colectivas. La inteligencia radica en la metodología, la sistematización de los temas y la adecuada administración del tiempo en general.

Ha habido mucha ambigüedad con respecto a esta reforma. Las consultas se realizaron para recoger inquietudes y planteamientos de distintos sectores. Ahí no hubo deliberación alguna aunque luego se tabularan los resultados. La comisión redactora trabajó con ese insumo de ideas y sugerencias pero no estaba obligada a acogerlas todas. Se quiso vender que esas consultas le otorgaban la legitimidad que necesitaba el texto. Y eso no podía ser así.

Ya hay un texto -a concebirse como documento base- que fue sometido al Congreso. Hay otra iniciativa sobre el órgano de reforma. Se impone no solo analizarlos sino además debatirlos: que se opine, que se analicen los desacuerdos e ideas opcionales. ¡Pero con la participación de los opuestos!

Apelar a iniciativas académicas con expositores unilaterales para que la gente oiga y pregunte huele a promoción pero no a discusión. Los anunciados foros son organizados por los mismos y con los mismos que auspician la reforma lo que puede dar a pensar no ser tan abiertos como se dicen que serán.

En el Congreso hay celos justificados por esas iniciativas extramuros. Pero también en su seno ha habido voces arrogantes, políticamente incorrectas, ambiguas, contradictorias e interesadas.

Hay que propiciar el cara a cara incluyendo aquellos que tienen y plantean posiciones y soluciones distintas. Discutirlo todo, inclusive la alternativa de la constituyente. Con los opuestos es que se puede dar y enriquecer un debate.

Se informo de reciente que el Presidente, en su viaje muy locuaz, suscribió un acuerdo con la Universidad de Harvard para estimular el enseñanza crítica. No hay que esperar enviar para formar profesores en el exterior. La reforma a la Constitución le ofrece una singular oportunidad para que le muestre al país por que valora la crítica y como la pone en práctica para estimular a que la gente use con sus propias cabezas y no la suplante con la suya.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Octubre 7, 2008

September 30, 2008

Forzar la discusion

Hay temas que se tornan impermeables a las argumentaciones y al análisis únicamente porque el poder optó por una solución y no tiene interés alguno en que se discutan. De ahí, que se pretenda, cuando la indiferencia no puede con las oposiciones, descalificar a quienes piensan distinto. Y ese es un actuar pequeño.

Una propuesta constitucional es importante como conjunto y obviamente en sus partes. Sin embargo hay en ella aspectos de mayor sensibilidad política: condiciones y herramientas que impactan en la conservación y/o facilitación del poder.

No debe de sorprender, por consiguiente, que lo relativo a la reelección, a la unificación de las elecciones y la consecuente sincronización del periodo del Congreso y los Ayuntamientos con el presidencial, el tamaño de la Cámara de Diputados, el organismo electoral y el de la nacionalidad, despierten más interés inmediato que otros.

Hasta ahora, por lo que se ha visto, las reacciones a la iniciativa van desde el histérico rechazo al apoyo total, complaciente e interesado. Son actitudes maniqueas y extremas que abdican de lo que la realidad es, que nunca ha sido ni será monocolor.

Afortunadamente, hay opiniones menos atadas, que por serlo, son atendibles y razonables aunque expresen puntos de vistas bien diferentes. Serán estas las que harán la discusión aunque la marginen las rebatiñas de una clase política de escaso vuelo. Es ese tipo de dialogo, más sano y trascendente, el que debiera estimularse. El debate no es asunto de expertos: hay gente que aporta con sencillez hasta en los mismos comentarios en los periódicos.

Pese a que el PRD finalmente presentó una propuesta para establecer la constituyente como órgano ordinario de reforma, los votos no le dan para establecerla. Estamos, entonces, en camino de una Asamblea Revisora, con indudable potencia normativa para modificar y cambiar la constitución siempre que no altere la forma de gobierno. Aunque sea tan amplia como un texto nuevo. Se podrá acudir a cualquier instancia pero nada en buen derecho la puede detener.

Cruzarse de brazos, mirar en otra dirección, no participar o simplemente obstruirla no conducirá a nada, ni siquiera para que al final del proceso el producto se rotule de parcial y oficialista. Al Presidente le quedan muchos recursos. Podría una vez aprobada someterla a referéndum y ganarlo. El documento no es del todo malo y tiene mucho de bueno, lo que complica la decisión de un NO. De esa manera, la santificaría con el voto popular. ¿Sería, al final de cuentas, una reforma “leonelista”?

Se pierde mucho y no se obtiene nada boicoteando la reforma. Pero sí se gana haciendo que la constitución sea más dominicana, mas de todos y menos de los que buscan acomodarlas a sus proyectos políticos. La que inicia su curso no es ya la reforma de la comisión ni del Presidente. Es un documento público que ha de ser moldeado.

Hay que forzar la discusión. Eso de dejar de lado la oportunidad huele a 1974: la abstención aquella por amedrentación.

© Julio Brea Franco 2008
Florida, USA
Publicado originalmente en Periódico HOY de
República Dominicana
Septiembre 30, 2008