October 16, 2007

El pleito intramuros

Que la Junta haya aprobado el reglamento de campaña no implica que su pleito intramuros se haya resuelto. Hay razones más que suficientes para sustentar la afirmación. Lo del reglamento es tan solo el ultimo “round” de un “match” que inició desde la misma inauguración de la actual composición.

Ciertamente ha contribuido en mucho la mala reforma aquella que repartió las atribuciones de la JCE en tres instancias –dos cámaras y un pleno- por motivos meramente contingentes. Fue ingeniería pésima urdida en la politiquería y bendecida por la “academia” con el propósito de constreñir una presidencia plenipotente y personalista en ausencia de un mecanismo de remoción todavía inexistente.

Y lo peor es que los auspiciadores de entonces son ahora los voceros de la sensatez, de la cordura y la prudencia. Son los que regañan a los muchachos y las muchachas de la Junta por entramparse en bagatelas. Mientras eso sucede ahora también resulta que voceros de la institucionalidad acaban de tomar conciencia que en la Junta lo que hay es una muchedumbre y que debe reducirse a la carrera. Desde el 2000 andamos a cuestas con esa carga: primero siete y luego nueve miembros. Pero nada se dijo cuando era oportuno y necesario, precisamente en el 2006.

El pleito tampoco se va a resolver con otra comisión -de las tantas que abundan- para que analice el problema de las competencias. Para mal o para bien lo que hoy hay fue lo que estableció la reforma oportunista aquella. Hay una sola manera de resolver el asunto y se sabe cual es.

Hay en el pleito mucho de egos y personalidades pero también resentimientos. Demasiados deseos de ocupar la presidencia de la Junta que quedaron insatisfechos. Rosario fue vetado y la Fernández ni siguiera logro ninguno de las otras dos presidencias internas. El Presidente de la República tenia su hombre, el mismo al que agradecidamente envió a Canadá. En su momento le fue útil, muy útil. Rosario, en aquellas elecciones del regreso, estuvo presente pero su enojo no exploto pues no era para nada recomendable. Era su team el que ganaba.

Además, y debajo de la superficie, está la pugna interna que se mantiene en el PLD oficial. Los choques personales se advirtieron desde los inicios mismos al igual que la lucha política. Que era SOMO, que eran los incentivos, que eran los gastos de campaña de las primarias del PLD, que es la licencia que tiene que tomar el Presidente en reelección, que son las declaraciones y contradeclaraciones públicas, que era la marginación del pleno, que es, ahora, el manejo de gran parte del presupuesto. La lista es ya larga y seguirá creciendo.

Un aspecto que los administrativos mencionaron, sin elaborar, fue el decir que había “conspiración”. De ella hablo Aquino. Lo mencionó pero no abundó. Y al parecer nadie le preguntó. Rosario, por otra parte, ha insistido que la crisis de la que se habla es ficticia, es decir, que no es real, que está siendo creada. Bueno, pudiera haber coincidencia: Castaños también niega que exista pues cada vez que culmina una de la maratónicas sesiones, iluminado se manifiesta eufórico por el entendimiento que primó.

El presidente de la Cámara Administrativa ha sido enfático en afirmar que esta Junta no será solapa de nadie. Para buen entendedor pocas palabras bastan. Es probable que termine excomulgado, si es que ya no lo está.

La conspiración a la que alude Aquino ¿es intramuros o extramuros? ¿Es que hay aliados internos al Master Plan externo?

Ciertamente que es muy lamentable lo que sucede. Gente capaz que es incapaz de trabajar en concierto. Febriles deseos de reproducción política. El pastoreo como destino manifiesto.

La mala política es cinismo y niebla. Pero si los que hablan de malévolas trapisondas no son políticos, entonces, ¿por qué no hablan claro?

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

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Periódico HOY de

Republica Dominicana

Septiembre 18, 2007

October 16, 2007

El bautismo de la Junta

A tan solo seis meses de la instalación de la primera Junta Central Electoral, en abril de 1923, explotaba una crisis electoral que obligó el aplazamiento de las elecciones generales y la designación de otra distinta en los inicios de 1924. Fue ese el bautismo de la nueva organización electoral.

En los inicios de lo que se soñaba como una refundación de la República, en las postrimerías de la Ocupación Militar de Estados Unidos, muy pronto se evidenciaría el imperio de la misma mentalidad de intransigencia, emotividad y desconfianza que imperaba en 1916.

Uno de los puntos capitales del acuerdo de evacuación, al que fatigosamente se arribó en 1922, establecía la creación de un gobierno provisional que debía asumir la responsabilidad de dictar una nueva legislación electoral, la celebración de elecciones generales y la convocatoria de una Asamblea Constituyente o Revisora de la Constitución. El acuerdo publicó finalmente el 23 de septiembre de 1922. Previamente se había constituido una Comisión de Representativos compuesta por las principales figuras políticas del momento –Horacio Vásquez, Federico Velásquez y Elías Brache- y otros representativos: Monseñor Adolfo Nouel, y Francisco J Peynado.

La Comisión, el primero de octubre, escoge a Juan Bautista Vicini Burgos por unanimidad de votos que fue instalado oficialmente el 22 de octubre como Presidente Provisional de la Republica.

Ya la Comisión de Representativos había conocido un primer borrador de Ley electoral, al parecer muy influido por la ley cubana de 1906, pero su discusión y análisis no se había concluido hasta marzo de 1923 cuando Vicini proclamo el 9 de marzo la ley No. 35. Era una ley moderna en el momento. Una de sus más conspicuas novedades consistía en la creación de un órgano electoral especializado, denominado Junta Central Electoral con jurisdicción nacional y órganos dependientes tanto a nivel provincial como en el comunal de entonces.

Para encaminar las elecciones se debía entonces proceder a la designación del personal de este organismo. El modelo de organización acogido establecía miembros ex oficios. La JCE debía integrarse con tres miembros, cada uno con dos suplentes y completado por los delegados o miembros políticos. El presidente de la Junta debía ser un Juez de la Suprema Corte de Justicia. Los vocales, un juez escogido por las tres Cortes de Apelación y un catedrático o profesor de Derecho de la Universidad de Santo Domingo. Fue de acuerdo a esa normativa que Woos y Gil, de la Suprema, Fidelio Despradel, de la Corte de apelación de La Vega, y Horacio Vicioso de la Facultad de Derecho, fueron los designados y tomando posesión el 11 de abril de 1923.

Con la proclamación de la Ley Electoral y la integración de la JCE se comenzaron los preparativos de las elecciones programadas para el 14 de noviembre siguientes.

El problema que dinamitó el calendario aconteció en el fatídico octubre. La nueva normativa electoral era precisa en el procedimiento y plazos. En La Vega las propuestas de candidatos de la ya formada Alianza Nacional Progresista -de Vásquez y Velásquez- fueron rechazadas por no cumplir con los requisitos legales de los plazos. La Vega era la tercera plaza en importancia del país. Si los candidatos de la Alianza no se aceptaban, el beneficiario seria la Coalición Patriótica de Ciudadanos que llevaba a Francisco Peynado para Presidente. Esta situación en el caso probable de ser aceptada por la Junta Central se reproduciría en las listas de candidatos en Barahona, Monte Cristi y Puerto Plata.

La Alianza termino recusando a dos de los miembros de la Junta: a Despradel y Vicioso. Dos de los tres integrantes. La crisis tomó cuerpo. Se estaba ante el fracaso de las elecciones. Summer Welles – Comisionado de Estados Unidos- el 8 de noviembre convocó a una reunión de la Comisión de Representativos en las instalaciones de la Legación. En esa primera y en otras celebradas en los días siguientes se logro “borrar el pizarrón” y recomenzar de nuevo.

Fue asi como se convino la reprogramación de las elecciones para el 15 de marzo del siguiente año, designar una nueva Junta Electoral y modificar la ley electoral que seria marcada con el Número 126 del 4 de enero de 1924.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

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Periódico HOY de

Republica Dominicana

Septiembre 11, 2007

October 16, 2007

Las denuncias alegres

En un ambiente competitivo, aunque muy imperfecto, no hay razón para plantear una oposición conspirativa. Ciertamente hay muchos y grandes problemas que aquejan al país y a sus gentes. Problemas que no se están debidamente encarando y menos con visión de futuro. Da grima como las cosas prácticamente continúan igual, años tras años, acumulándose y agravándose.

Y la clase política alienada, centrada en las mismas rebatiñas únicamente con el fin de satisfacer insaciables apetitos particulares.

Pero pretender romper reglas y esquemas en pos de una “salvación nacional” son quimeras. Nadie en su sano juicio sueña con estas fantasías delirantes. Aun asi siempre ha habido y hay insanos. Para que un sistema político explote, el cáncer debe haber hecho metástasis carcomiendo todo lo vital. Y ese no es el caso. Aunque algunos asi lo quieran presentar. Para ello las promueven con el propósito de inquietar, por politiquería, o ante el inevitable naufragio de un barco autotaladrado. Sin embargo, ningún hundimiento ha provocado tsunami alguno.

Los problemas no se enfrentan -como quieren algunos- con “mano dura”, de por sí es arbitraria y abusiva por naturaleza. Total, por esa vía, y es esa la otra cara de la moneda, se cercena la disidencia y el fructífero control que de ella dimana. El peligro es claro: se termina en un continuo seguir con mas dificultades de las iniciales ¿Cuantos crímenes no se han cometido en nombre de la paz, de la libertad y de la defensa de los pueblos? Asi no son los gobiernos que gobiernan.

Estos decires, a fin de cuenta, no afectan únicamente al gobierno, como se quiere hacer ver. Si se percibe un sentimiento de orfandad creciente, es tan grande la sabana que cubre por igual las opciones de enfrente, que por malas no entusiasman. Lo importante no es solo rechazar fantasías del género. Es hacer conciencia que de que no hay respuestas de ningún tipo, y menos auténticas entre los que no están y quieren estarlo.

Ahora también –otra de las tantas veces- se insiste en denunciar la existencia de planes de manipulación. En todas nuestras elecciones, en algunas más que en otras, se advierte este tipo de pronunciamientos. Las advertencias no necesariamente son dañinas. Pueden responder a actitudes responsables o por lo menos consecuentes. Siempre será mejor dirimir los temores antes que después, a “fait cumplit”.

Una denuncia es responsable cuando tiene algún fundamento fáctico que se apoya en evidencias específicas. Quien la formula esta en capacidad de responder con ellas sobre sus temores. Se advierte precisamente para evitarlas. Este tipo de denuncias ayudan a la diafanidad de unos comicios.

Hay muchas otras que son alegres, irresponsables, no garantizadas en indicios razonablemente sospechosos. Las motivaciones pueden ser muy variadas. Desde pretender minar la credibilidad del proceso en general hasta preparar la propia militancia para una derrota aplastante. Es un continuo en donde cabe una miríada de puntos posicionales. Por ello han de ser sopesadas en cada caso.

La reacción mas consistente, plausible y esperable de la institución que tiene la responsabilidad de organizar, administrar, reglamentar y juzgar las elecciones es la de emplazar y pedir elementos que fundamenten las denuncias. Y fue eso precisamente lo que el Presidente de la JCE hizo. Esa es la herramienta correcta que se ha de aplicar. Es la única manera para discriminar entre la denuncia fundamentada de la denuncia alegre.

Las denuncias no únicamente provienen del litoral propiamente dicho. Hay comentaristas y escribidores que no se cansan de actuar irresponsablemente. Se cuenta el caso de uno que insiste en la “votación en cadena” antes de las pasadas elecciones y que avanza que lo mismo ocurrirá en las próximas. Afirmación sin fundamento ni prueba alguna. También esta gente debe ser emplazada por la JCE para que se responsabilice.

El uso de los recursos del Estado –económicos, administrativos, y simbólicos- si que es un gran problema que amerita ser reglamentado. Pero una cosa luce cierta: el poder cuando quiere sucederse a si mismo actúa desafiando y violando controles.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

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Periódico HOY de

Republica Dominicana

Septiembre 4, 2007

October 16, 2007

Tiempos de reeleccion

Vivimos en tiempo de reelección. En la historia política dominicana han sido frecuentes. Desde los albores mismos de la Tercera República -para no ir mas atrás- apenas recuperada la soberanía nacional y al cabo de los tres años, ya se debatía sobre la prologanción del periodo del Presidente Horacio Vásquez. En pocos meses más estábamos en pleno debate de la reelección. La historia de lo que aconteció es muy sabida.

Ninguna otra reelección ha conllevado la instauración de una dictadura y menos tan oprobiosa como la de Trujillo. Lo que si se ha reproducido es el espectáculo de los áulicos, los oportunistas y los mercenarios que aplauden el poder que procura seguir. Ingenuamente se pensaba que luego de los dos seriales del Presidente Balaguer se prescindiría de esta regla institucional. Las dos administraciones de la “esperanza nacional” sufrieron de avitaminosis y no potenciaron la energía política para materializar la proscripción.

Las sirenas las envolvieron con sus cánticos. Recuérdese los buenos “amigos del Presidente Guzmán” y la antropofagia de la segunda. Solo a consecuencia de la travesura ideada para un continuar en 1994, planificada y ejecutada por los de siempre por los funcionarios de gobiernos de todos los colores- pudo, en el pacto aquel insertarse, aprobarse la prohibición.

Pero fue efímera. Antes de culminar el milenio la fantasía se convirtió en tentación. Dos años después estábamos en lo mismo. Los arrepentimientos huelgan cuando se confiesan desde la casa. Fueron muchas las voces sensatas de entonces y grande la sordera. Es señal que se cabalga… en lo mismo.

Si se va a las opiniones, y hasta las mismas argumentaciones de recetas institucionales, siempre habrá palabras a favor y en contra, defensas de conveniencia en ambas direcciones. Sin embargo, el mejor discurso, son los hechos. Volver a vivir un tiempo de reelección vale más que mil palabras.

Ciertamente que la pasión por seguir por el seguir, rebasa las fronteras nacionales. Los “watergates” latinoamericanos son experiencias elocuentes de esta monomanía del poder. La paranoia afecta a los presidentes. Fujimori es un caso paradigmático. Cómo llegó a comprar gentes sin ningún tipo de escrúpulos; como pretendió manipular las elecciones; como se aprovechó de los recursos que le derivaban de la titularidad del poder publico. La miopía la padeció desde que empezó a soñarse como emperador.

Las profundidades del alma humana son insondables. El afán del seguir no solo puede explicarse como insaciable ambición. Puede responder quizás a dinámicas contradictorias. El miedo a terminar. Quien mas alto esta y cae, con mayor velocidad se enfrenta al suelo. No es que sea un asunto de gravedad política sino física. Parece difícil manejar el cambio desde la plenipotencia a la debilidad y vulnerabilidad. Se deprimen y se lamentan.

En este tiempo de reelección veremos muchas cosas, tantas como antes. Por ofrece otra oportunidad para tomar conciencia de cómo las ventajas del incumbente afecta todo, pervierte todo y malogra la credibilidad. Y ese es un mal no tangible por el momento.

El malo no es únicamente el que quiere reelegirse ni el que compra con recursos de poder que no son de su propiedad. Los mercenarios y piratas, los que esperan todo sin hacer nada, los estériles, los grupos y los grupúsculos, la confederaciones y federaciones prebendarías son las que completan el escenario.

Por ahí es que andamos, seguimos gastando el tiempo a la espera que llegue un tiempo en que el maná caiga del cosmo y las cosas se hagan solas como en los milagros…

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

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Periódico HOY de

Republica Dominicana

Agosto 28, 2007

October 16, 2007

¿Partidocracia?

Todo lo que dicen los presidentes, aunque sean tontearías, es objeto de atención y arrancan comentarios de los más disímiles en los medios de comunicación. Las más de las veces estas exposiciones se producen sin un fin en si mismo, son cortinas de humo y alimento al “circus”.

Las presidentes, dadas las tantas intervenciones públicas que deben producir, suelen asistirse de “redactores de discursos”. Antes de pronunciarlos los leen y corrigen para imprimirle su sello personal y/o realizar el filtraje necesario. Es esta una práctica, además de aceptable, necesaria.

No estoy del todo seguro que en esta administración así se proceda. En un reciente discurso presidencial, se evidenció falta de creatividad en el abordaje del tema. Si el Presidente “improvisó” quizás seria conveniente que disponga de escribidores que sopesen, antes y mejor, sus decires.

Hay veces que no se tiene nada que decir y aun así lo ponen a decir. Hay temas difíciles que pueden chocar con la realidad. No es la primera vez que el presidente incurre en “errores” –como fue el caso de afirmar que existe la reelección en España y el Reino Unido cuando estos países son monarquías. Al que se alude ahora el orador lució superficial al afirmar que aun hay mucha “partidocracia” en el país en el acceso a los puestos públicos.

Diagnostico no fue. En una cultura política en la que el Estado es el Santo que concede todo y es el único altar al que acudir para “ganar” y “ser”, lo que tenemos es un “sistema de despojos”, de asalto y ocupación de la burocracia de estado. Y aquí esta el punto: no es menester pertenecer a un partido para lograr puestos. Eso ayuda pero no determina. En la paila hay de todo. Pero se llega siempre que sea amigo de alguien con influencia para conseguir el “carguito” o la “marmita” como se decía antes. Una cosa es el reclutamiento burocrático que se hace por razones de amiguismos y otra la mentada “partidocracia”

El término no esta en los diccionarios por que es un neologismo político. Ese, como otros muchos más suelen originarse en el lenguaje político y rara vez científico. El propósito de estas palabras es poner énfasis en áreas en donde se considera que radica un poder de decisión e influencia real y fáctico en la política de un país y en un momento histórico.

Su origen se encuentra en líneas de pensamiento critico-social. Hoy día todavía se utiliza el vocablo para denunciar la sociedad política de monopolizar el acceso de la sociedad civil. Alude en otras palabras, y alude a la abusiva apropiación de espacios políticos por parte de los partidos en una determinada sociedad.

Es una patología de la democracia. En el diseño original se reservaba a los partidos un rol meramente instrumental: contribuir a la canalización de las preferencias del ciudadano-elector. La realidad, sin embargo, fue tomando otro rumbo. Primero porque los partidos van apropiándose del monopolio de esa instrumentalidad al punto de convertirse en el único vehiculo. La concepción del “mandato libre” se ve mermada y anulada.

Gerhard Leibhol, el censurado profesor de la Universidad de Göttingen en los prolegómenos del Nazismo tiene un “dictum” muy feliz por su expresividad: El Parlamento es un lugar donde “se reúnen comisionados de partidos para dejar constancia de decisiones ya adoptadas en otros ámbitos”.

Caemos reiteradamente en el error de hablar de los partidos como unidades sin asumir que estos -todos y siempre- han sido y son conglomerados de facciones (o fracciones, en otros contextos). Que conozca no hay ninguna investigación que evidencie cual grado de control monopólico tienen los partidos en el sistema político. ¿Controlan totalmente el Estado? Sin duda son los que tienen el monopolio de las elecciones; los resultados de 13 elecciones muestran fehacientemente que son fuertes como maquinas electorales. Pero eso ni significa que lo determinen todo.

La partidocracia es un fenómeno que se advierte en sistemas de partidos institucionalizados y consolidados y no en todos. Los partidos dominicanos se presentan mas como masas gelatinosas, como archipiélagos de intereses particulares, cuyo objetivo es conjuntar esfuerzos para llegar y “hacerse”. “Sobreviven sin gobernar”. Es que no están hechos para eso.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Agosto 21, 2007

October 16, 2007

Para disispar la tormenta

Las tormentas se disipan aunque dejan un recuerdo imborrable cuando provocan daños materiales y, más aun, pérdidas de vida. La tormenta electoral de Florida en el 2000 se diluyó pero dejó un mal sabor que aún hoy se puede apreciar.

Por algo es que las máquinas de votar y otros aditamentos tecnológicos continúan siendo motivo de discusión y debate. En la recta final de aquella presidencial americana, los tribunales se pronunciaron, no para declarar un ganador sobre el otro, lo que en absoluto no es de su competencia, pero si para paralizar el recuento de votos en algunos condados de Florida. No solo tuvo que ver la Suprema del Estado sino, más aun: la Corte Suprema de Estados Unidos con jurisdicción federal.

La campaña de Al Gore – el hoy abogado del enfriamiento global – pretendía que se recontaran aquellos votos inválidos cuya indefinición derivaba del supuesto mal funcionamiento de la Votomatic – las máquinas aquellas con las que se perforaban las boletas – por una parte, y del imperfecto diseño de la boleta de Palm Beach.

Por el contrario, la campaña de George Bush consideraba que continuar con el recuento contribuiría a una mayor confusión creando las bases para una potencialmente complicada situación política.

Los recuentos electorales, cuando se realizan sin un protocolo claro y detallado, introducen elementos subjetivos en la validación de los votos. No es fácil determinar cuando un votante actuó tontamente, se equivocó, no supo hacerlo o realmente se sintió confuso en el uso de un artefacto para expresar su decisión. El determinar cuál fue la voluntad que quiso manifestar, es un asunto de interpretación.

En el pasado reciente dominicano pueden señalarse dos experiencias de recuentos electorales con consecuencias muy distintas. La una fue las elecciones de 1990 cuando se llevó una revisión nacional en la sede la JCE sin explicitar previamente procedimiento alguno. Aquello terminó abruptamente sembrando mas incertidumbre que la que pretendía superar (¿?).

La segunda se realizó en 1994, cuando por primera vez se revisó la totalidad del cómputo electoral preliminar. Para llevarla a cabo es estableció una metodología y se usaron formularios diseñados al efecto. Esa experiencia, sin embargo, pasó por debajo de la puerta, pues el problema, y la gran objeción de esas elecciones, fueron las listas electorales y no el cómputo de los votos. El PRD decidió no participar, continuando con su estrategia de deslegitimar las elecciones de las que estaba convencido que habían sido fraudulentas en su perjuicio.

Lo cierto es que en un ambiente de tensiones y contradicciones, enfrentarse a un recuento a la libre, sin protocolo explícito, es comprar un gran problema. Los recuentos deben reglamentarse y preverse en la normativa electoral, de modo que cuando llegue el momento se proceda racionalmente.

La decisión de paralizar el recuento en las elecciones floridanas del 2000 favoreció a Bush; cuando menos eso fue lo que se dijo entonces y aun se repite. La Suprema Corte fue criticada por una decisión parcializada en la que se impuso por una mayoría de cinco contra cuatro. El voto de los conservadores fue la supuesta clave de la victoria de Bush.

¿Realmente fue así? La respuesta no se hizo esperar. Concluidas las elecciones una pléyade de organizaciones sin fines de lucro y varios de los principales periódicos de Estados Unidos logró la autorización para realizar ex post facto el recuento. El resultado fue que Bush ganaba aun si se hubiese llevado a cabo el recuento. Hay varios libros que recogen estos informes y resultados publicados por las editoriales de los mismos periódicos y organizaciones.

Estudiar elecciones problemáticas es tan útil ejercicio como analizar casos de comicios normales; precisamente por lo mucho que enseñan. ¡Claro, cuando hay deseo de aprender! Estas reconstrucciones reposadas apoyadas en datos reales, es lo que permite aislar las dificultades para entonces buscarle solución. Eso es lo que ha de hacerse si se actúa con madurez. Lo que no necesariamente es el proceder acostumbrado en nuestro medio tropical y de exuberante naturaleza.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Agosto 14, 2007

October 16, 2007

Mas alla del buen pastor

La JCE, finalmente, realizó su peregrinación al Higüey político en pos de dineros adicionales. Anduvo en esos menesteres por unos cuantos meses pero el ocupadísimo Presidente de la República no disponía de espacio en su agenda. Los partidos de oposición dicen ahora que en vez de visitar al Presidente se encontraron con el candidato a la reelección, quien se había hecho acompañar por un destacado miembro de su staff político. Sin embargo, no parece ser éste un planteamiento correcto.

La Junta no se desplazó a encontrarse con ningún candidato ni con intensiones malsanas. No hay nada de pecaminoso ni compromete su independencia. ¿No fue costumbre que visitaran a Balaguer o a Hipólito Mejía o que éstos la invitaran?

Es cierto que algo no anda bien en nuestro arreglo institucional para que las Juntas tengan que reunirse con el Poder Ejecutivo para apelar por el reacomodo de sus presupuestos. Un órgano supuestamente independiente no debería estar en ese tipo de procesión. Si los partidos, hoy en la oposición, y ayer en el Gobierno, que no gustan de esas visitas, saben muy bien qué deben hacer: luchar para prohibir la reelección –dañina por la asincronía que produce’ y emplearse a fondo para asegurar la independencia de la JCE. Pero no es eso lo que se hace.

Por el momento, la visita le echó tierra a los problemas reales en que está entrabada la JCE. Su multitud de voces y la estructura multicéntrica de su poder decisional. De reciente se experimentó una nueva ola de contradicciones entre sus integrantes. Pero los representantes de partidos, siendo más papista que el mismo Papa, hablaron en voz alta solicitándoles que se entendieran y que dejaran de lado esas “bagatelas” o discusiones de “muchachos y muchachas”.

Nada sorprende de estos personajes de zarzuela. ¿Acaso fue la JCE que modificó la ley para cambiar su estructura del poder institucional? ¿Fue ella la que habló de “separación” de funciones con la creación de las Cámaras? Que se sepa fue todo lo contrario. Salió de los reformistas, se negoció en el Congreso y fuera de ellas, hubo mediación de la Pontificia que la bendijo como una ley perfectamente constitucional.

El problema no es solo de palabras, ni siquiera de puntos de vista, de personalidades y afán de sobresalir. El problema de la JCE es institucional y su solución requiere medidas administrativas, reforma del reglamento interno, y finalmente, de modificación de la ley electoral cambiada en el 2005.

Nadie está libre de pecados. Y los pecados no se absuelven disponiendo de un “pastor” nutrido de cariño, amor, de palabra fácil que ve todo como algo único, histórico y lleno de bondad. Los asuntos institucionales no se pueden confundir con actitudes personales ni subjetivas. Se encaran con liderazgo, sentido de misión, inteligencia, razonabilidad y actitud de concertación.

Se creó un mal antecedente con la denuncia aquella de los incentivos. No fue el contenido – al que había que prestarle atención y debatirse. Fue el modo en que se que se planteó públicamente. Los “interna corporis” se debaten y se deciden dentro. Después de ese momento han sucedido otros tantos como una catarata.

El problema de las voces se resuelve por disposición del pleno de la Junta estableciendo una política de información: el Presidente de la Junta, el pleno y en la cotidianidad un “speaker” competente, profesional que muy bien puede ser un funcionario de categoría de la misma institución.

Periódicamente habilitar tiempo para ruedas de prensa conjuntas de todos los miembros. Nada de invitaciones personales a programas sin acordar previamente lo que se ha de informar. Ese luce el primer paso para poner orden en la casa.

Y luego, respecto a las cámaras, la avenida más recomendable parece ser que éstas funjan como brazos de ejecución del pleno. Que sea éste el depositario del poder decisional en todo: administrativo y jurisdiccional. La Junta tiene que buscarle solución a sus problemas. El tiempo de la mediación ya ha debido terminar. Las instituciones tienen que crecer. Y crecen, no evitándoles crisis sino alentar las instituciones a que las resuelvan y mejoren. Aunque den sus tropiezos y se caigan. Así aprenden los niños y las instituciones también.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

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Periódico HOY de

Republica Dominicana

Julio 31, 2007

October 16, 2007

La crisis de los invalidos

Cuando es mucho lo que está en juego y muy pequeña la diferencia en el resultado, cualquier problema electoral fácilmente puede convertirse en pecado mortal. Eso fue lo que sucedió en las en las presidenciales de Estados Unidos en el año 2000. Las elecciones quedaron atrapadas en los pantanos de la Florida.

Fue un empate virtual. Asi lo mostró el resultado final: 537 votos. Voto el 68 por ciento (5 millones 963 mil votantes) del total de inscritos en las listas electorales (8 millones 752 mil electores). Lo no votantes ascendieron al 32 por ciento en un país donde el voto no es obligatorio.

Los votos inválidos se constituyeron en el nudo problemático. No fue el registro electoral como en esos días y en los posteriores, se dijo y denuncio. Se hablo de discriminación en la inclusión como electores a expresidiarios y afro-americanos. La inscripción en los registros electorales se vio impulsada notablemente en 1993 a raíz de la llamada ley de los motoristas o Ley Nacional de inscripción. Según esa normativa los ciudadanos se pueden registrar para votar cuando solicitan la licencia de conducir.

Es muy importante para analizar las elecciones y los sistemas electorales en Estados Unidos tener siempre en cuenta que su organización no es responsabilidad del gobierno federal sino de cada Estado de la unión. Y a su vez, gran parte de de las tareas y actividades que se llevan a cabo tampoco son reguladas ni llevadas adelante por agencias u organismos estatales sino por unidades de nivel inferior: los condados.

En consecuencia, como los condados deciden acerca del procedimiento de votación a emplear es muy frecuente que dentro de un mismo Estado coexistan dos o más formas de sufragar tales como maquinas de votar con palancas mecánicas, tarjetas perforadas, lector óptico y urna electrónica.

El registro electoral se define –como cualquier sistema- antes de la elección. Y en eso no tuvo importancia el gobernador de Florida haya sido Jeb – el hermano de Busch hijo- y la Secretaria del Estado –Katherine Harris- que fuera una ferviente republicana de ese mismo team. Ni el uno ni el otro tienen que ver con la organización de las elecciones.

Ni fue solo en Florida ni en ella en todos sus condados donde se presentaron los problemas. Pero fue en ella el estado decisivo en la elección del presidente. Cinco condados de 67 fueron los problemáticos: Palm Beach, Broward, Miami-Dade, Volusia y Nassau todos en la costa este del Estado.

Lo mas llamativo ocurrió fue Palm Beach. Hubo problemas con la boleta electoral (tipo mariposa) y con las maquinas de votar que utilizaban la tecnologia del perforado. En el condado se contabilizaron 432 mil 695 votos que no tuvieron ningún tipo de problemas, de los cuales 269 mil (un 62%) fueron de Gore, y 152 mil 954 (36%) de George W. Bush.
Pero aparentemente unos 20,000 votantes se confundieron y más de 2,000 votaron por el Buchanan cuando querían hacerlo por Gore, mientras otras fueron anuladas por presentar perforaciones para dos candidatos presidenciales.

Ahí nació el problema de los votos inválidos sea por que las tarjetas no presentaban ninguna perforación (undervote) o por que contenía mas de la marca requerida para un candidato a la presidencia (overvotes). En la jerga dominicana el problema estuvo en los votos nulos –sea en blanco o por estar con dos marcas lo que hacia indefinida la voluntad del elector. Pero no únicamente fue por el diseño de la boleta hecho con muy buena fe para facilitar a los votantes de mayor edad, sino también la maquina que requería una determinada presión para perforar de manera clara y inequívoca.

Una elección pareja a nivel nacional (con medio millón de votos sobre un total de 105 millones), y en la Florida, que se convirtió en el estado decisivo, los votos inválidos causaron la tormenta. Era un pleito político de alto nivel, ciertamente. Pero si se revisan los hechos con serenidad y distancia, los pecados no fueron mas que pecadillos. A Giovanni Sartori no le han quitado el sueño. Pero para muchos norteamericanos la huella y la cicatriz todavía permanecen.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Julio 24, 2007

October 16, 2007

Infierno electoral

Siempre es bueno estudiar las elecciones después que han transcurrido. El análisis puede ser más sereno y más reposado en la comprensión y explicación. Más aun en elecciones conflictivas o reñidísimas. Las cadenas de televisión más importantes de Estados Unidos, en su apuro noticioso, incurrieron en el papelazo de decir y desdecirse.

Entre las siete y las ocho de la noche del 7 de noviembre aquel del año 2000 adjudicaron los 25 votos electorales de Florida a Al Gore. Poco después, en un lapso de 10 minutos, tuvieron que dar reversa y la regresaron a la columna de estados no decididos. Ahí la mantendrían por unas cuatro horas hasta declarar la victoria de Bush adjudicándole una diferencia de unos 50 mil votos. Pero hubo más: muy rápido el margen sería tan estrecho –mil votos apenas- que hacía imposible anticipar su resultado.

Mientras eso ocurría en Estados Unidos, a los pocos minutos que declararan a Bush como próximo Presidente de Estados Unidos, los líderes del mundo se peleaban por ser los primeros en hacer llegar sus felicitaciones. Así en el cuartel Bush en Austin, Texas, se recibían los efusivos mensajes de Rusia, China, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, los Países Bajos, la Unión Europea, Turquía, Indonesia y Australia, todas naciones ansiosas por establecer relaciones estrechas con el hombre más poderoso del globo.

Y después cundió el embarazo: muchos se refugiaron en el silencio con tal de no empeorar el papelazo importado de las cadenas. Fue una situación delicada y todo por el apuro y las características de la contienda.

¿Qué fue lo que causó que las cosas salieran tan mal? Desde el inicio se apreciaba cómo los medios delataban su simpatía hacia Gore pero de ahí a hablar de manipulación de la informacion de una manera tan burda y torpe es una exageración injustificada. Estados Unidos no es tierra de fraudes masivos por razones explicables.

Definir el resultado de una elección presidencial en Estados Unidos es relativamente fácil. Por lo pronto, en un primer momento, no se requiere de la precisión de un resultado cuantitativo, que es algo que toma su tiempo. El partido y candidato más votado en cada Estado simplemente se adjudica la totalidad de los delegados en el Colegio Electoral. El que pierde no se lleva ninguno. Lo importante entonces –en el cómputo preliminar- no es tanto por cuántos votos ganó, sino saber quién ganó y por cuál porcentaje. Para eso no cuentan los votos. Se toman muestras de precintos o mesas electorales estudiadas por años, se saca el resultado de ellas que se da como valido. Como en Estados Unidos no existe una entidad central de organización de las elecciones (como entre nosotros con la JCE) los datos hay que buscarlos en los precintos y en los condados.

Las cadenas cuentan con una legión de empleados en el Servicio de Noticias de los Votantes (VNS) que rodean los lugares de votación y con una muestra aleatoria de votantes los encuestan sobre por quién votó. El propósito es que los ciudadanos puedan irse a acostar sabiendo quién fue el que ganó. No hay que estar pendiente a la letanía aburrida de los resultados por boletín y condado por condado. Los medios trabajan con proyecciones, no con resultados en firmes y precisos, simplemente por éstos se obtiene después –cuando se cuenta con detalle, se agotan los plazos para las impugnaciones y, finalmente, se certifica el resultado por condado y luego por el Gobierno del Estado. Y eso se toma días.

Los datos que se van recopilando llegan a las sedes centrales de las cadenas y son introducidos en computadoras con programas. De ahí salen proyecciones y predicciones. Es esto lo que permite que sus noticieros y paneles hablen de ganadores o perdedores al minuto que se cierran las urnas. Eso está bien para un proceso digamos normal.

El gran problema surge en elecciones infernales. El infierno electoral reaparece cuando se verifica un empate o una diferencia tan mínima como los 1000 votos de la Florida 2000 sobre un total de 5 millones de votantes. Ahí no hay ni muestra ni boca de urna que funcione de manera eficaz. Y si además hay votos ausentes y votos tempranos que llegan después, las cosas se complican de mucho.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Julio 17, 2007

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

October 16, 2007

La tormenta de Florida

Charles Manatt fue embajador de Estados Unidos en el país desde 1999 a 2001. En el inicio de la recta final hacia las elecciones nacionales del 2000-luego de celebrada la Semana Santa-, el señor embajador, en un discurso ante la Cámara Americana de Comercio, apreciaba un ambiente electoral despejado y sin nube alguna. Pese a los problemas de la recedulacion y la desconfianza en la JCE que despertaba en el partido oficial y el PRSC, las elecciones se realizaron sin grandes complicaciones.

Lo que Manatt no podía pronosticar fue que en su país, hacia finales de ese mismo año se abatiría unas peores tormentas en la historia reciente de Estados Unidos. Se suscitó precisamente en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre. Si bien las encuestas preanunciaban un desemboque estrecho en la votación, el resultado lo fue aun más.

La elección del Presidente de Estados Unidos no es directa por lo que el voto popular no constituye la variable que determina la victoria. La tarea de elegir corresponde al Colegio Electoral que es una asamblea de electores integrada por un número de delegados variable asignados a cada Estado de la Unión. Los delegados se eligen por mayoría a lista. Eso significa que el partido y el candidato que obtiene la mayor cantidad de votos en cada Estado se adjudica el conjunto de delegados. Precisamente por ser un Estado Federal –un Estado de Estados- no hay una designación presidencial directa del cuerpo electoral votante. Parece que eso no se quiere recordar.

Al Gore obtuvo mayor cantidad del votos popular -la suma de los votos individuales- (544 mil 683 de diferencia) ascendente a 51 millones 3 mil 683 en todo el país pero solo logro 266 delegados. A diferencia Bush que con 50 millones 459 mil 211 votos obtuvo 271.

La Florida desde antes de concluir la votación en las mesas o precintos electorales adquirió un peso determinante en la definición del resultado final. En efecto, en la Florida existen dos husos horarios: la hora del Este y la hora Central. De los 67 condados que lo componen hay 10 en el panhandle. Las votaciones terminan a las 7 de la noche pero en esos condados, como tiene una hora atrás, concluyen cuando en el Este es la 8:00.

Sin embargo entre 7 y ocho de la noche la grandes cadenas de noticias: CNN, CBS, FOX News declaraban la victoria de Gore antes de concluir las votaciones. Fue una precipitación que luego tendrían que lamentar. Esta declaración extemporánea afecto la votación en esos condados conservadores disuadiendo votantes ya en filas para sufragar.

Esta confusión creada por los medios fue la acusante de que Gore inicialmente aceptara la victoria de Bush y luego, mas tarde se retractara, cuando conociese que el margen era de apenas de 600 votos. Momentos después tomo la decisión de pedir el recuento, algo previsto en la ley electoral de Florida cuando la diferencia entre ambos candidatos es inferior al 0,5%. Al final del proceso el margen fue ínfimo: 2 millones 912 mil 790 para Bush y 2 millones 912 mil 253 votos.

Giovanni Sartori al igual que todos aquellos que siguieron atentamente las transmisiones noticiosas, lo comentó con claridad: “El embrollo de las elecciones norteamericanas nace en primer lugar del apuro. Lo crearon en la noche del martes CNN y otras redes que asignaron Florida a Gore; así, hicieron que los expertos predijeran que la presidencia le correspondería a él. En realidad aparentaban saber lo que desconocían”

Este estrechísimo margen con el pedimento de revisión focalizo la atención más que detallado de los problemas que se habían registrado en algunos condados con la Votamatic-punch-card-system. Específicamente con los votos nulos que la normativa electoral descompone en dos subcategorías: undervotes (cuando la boleta esta en blanco) y overvotes (doble marcado) cuando erróneamente el votante selecciona mas de un candidato para un mismo cargo electivo.

Las elecciones del 2000 dejaron una cicatriz en la psique electoral americana. Mas allá de la pesadilla de los 36 dias de batalla legal librada hace ya siete años, ha quedado una paranoia no obstante las opciones tecnológicas que se han ensayado para garantizar que problemas de fallas o de manipulación de programación de las maquinas de votación no perviertan la expresión de la voluntad electoral. Por eso, aun hoy, la Florida sigue en vía de utilizar nuevas máquinas para el 2008.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Julio 10, 2007

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

October 16, 2007

Lo importante no es ir, sino llegar

El primer paso para cambiar es la toma de conciencia de que algo va mal, por que no funciona como debería o, simplemente, por que aparecen nuevas situaciones antes no previstas. Ese parece ser el caso, en la política dominicana, con respecto a la campaña electoral.

Hemos tomado conciencia de que el tiempo que se le dedica es largo. De que resultan muy costosas. De que para realizarlas se requiere mucho dinero. De que los recursos provienen de fuentes muy disímiles, algunas espurias e ilícitas. De que el financiamiento público no resulta efectivo por ausencia de controles. De que se ha llegado al punto que únicamente los que disponen de mucho dinero o vías para agenciárselo compiten con amplia ventaja sobre los demás.

Por consiguiente, estamos de frente a un ambiente de competencia imperfecta, donde la tentación de utilizar los recursos del Estado es grandiosa –mas cuando no hay sanciones- y estimula la corrupción. Lo peor de todo es que se ha creado una situación en donde el narcotráfico, con sus inmensos dineros, cada día con mayor facilidad, compra candidatos en sus intentos de conquistar el poder y criminalizarlo. Es esta la faceta más dramática y dañina que se experimenta en países de la región.

Las cosas no van bien y hay que actuar con celeridad para atajar, ajustar y eventualmente revertir estas disfuncionalidades. Pese a la toma de conciencia, en concreto poco se ha avanzado. Desde hace quince años andamos con el intento de reglamentar sin alcanzar éxito alguno. Inicialmente la Ley 12-1992 ordenaba a la JCE dictar una serie de reglamentos que se intentaron 1993 y luego en el 2000 y el 2004. Por otra parte, algunas ONG’s trabajaron en la elaboración de un proyecto de Ley de Partidos que, no obstante las promesas de que seria conocido, no ha arrojado ninguna iniciativa sostenida. Es obvio que a pesar de la necesidad hay mucha inercia en los partidos que no desean control alguno.

Se ha dicho que el conocimiento de este asunto es extemporáneo. Que ha de dejarse para cuando los partidos y sus gentes puedan trabajar con cabeza fría, concentración y tiempo.

Si nuevamente se posterga la discusión no es verdad que se hará después de las próximas elecciones. Las reformas nunca se han hecho en tiempos de suficiente antelación. Ha sido todo lo contrario. Los políticos son reactivos, nunca propositivos. El asunto es buscar una vía eficaz para avanzar lo más que se pueda. Aun está por verse si la reciente iniciativa de la JCE terminará llegando a puerto. Pero es importante, es necesaria y es impostergable.

Lo importante no es ir, sino llegar. El proyecto de Reglamento de la JCE es muy inclusivo y abarcador. Hay mucho material junto lo que lo torna más proclive a su rechazo como una sola pieza. Lo recomendable es un cálculo de consenso y disenso. No todo se rechaza pero no todo se aprueba. De ahí que una vía seria precisamente desglosar el documento en varios mas específicos de manera de trabajar los más aceptables inicialmente dejando para un segundo momento la discusión sobre las materias más conflictivas.

Por otra parte, hay que “trabajar” la aprobación de los reglamentos. Las reuniones a muy alto nivel no resultan ser eficaces. Cuando hay políticos y hay prensa no se logra un trabajo efectivo. Por ello una opción que demostró su eficacia en el pasado, consistió en habilitar una instancia en la JCE para sostener reuniones de trabajo a puertas cerradas (pero no secretas), de manera de analizar, discutir y definir los textos con los representantes de los partidos acreditados ante ella.

Agotar las sesiones de trabajo para que en un ambiente de apertura, respeto y colaboración entre las partes se arribe a versiones consensuadas que pasarían, entonces, al pleno de la Junta para su decisión, conocimiento en audiencia pública y final aprobación. Al ser un producto de trabajo conjunto las objeciones, reparos y sugerencias se toman en cuenta para que al final del camino, y luego de las requeridas audiencias públicas, se aprueben sin problemas.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Julio 3, 2007

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

October 16, 2007

La contradiccion del Reglamento

Uno de los aspectos mas recurridos en las consideraciones que se han emitido acerca de la campaña electoral consiste en su duración y, en particular, su inicio. El proyecto de reglamento de la JCE dado a conocer en días recientes busca definirla. Si bien el documento será sometido a discusión no se entiende por que hay la intención, primero de aprobarlo como reglamento. Debatir algo aprobado no es muy considerado a los que se les pide opinión. Pero no siempre las cosas son racionales y razonables en nuestro país.

El documento-propuesta en su artículo segundo y sus correspondientes numerales, está dedicado a definir los conceptos fundamentales. Así, reflejando la letra de la ley electoral establece que el “periodo electoral” se inicia con la proclama de convocatoria electoral y culmina con la proclamación de los electos.

En lo que respecta a la campaña electoral –que por cierto exhibe una redacción no es del todo feliz- aparece definida como un “conjunto de actividades desarrolladas con el propósito de promover propuestas electorales para la captación del voto a favor de los candidatos oficializados a los cargos electivos nacionales de Presidente y Vicepresidente de la República, presentados por los partidos políticos y agrupaciones políticas accidentales.

Nótese que se especifica: actividades para promover “candidatos oficializados”. Oficializar es dar validez oficial a una situación de hecho. Esto conlleva una aprobación formal de la JCE luego de agotado el plazo para la nominación de los candidatos de 60 días antes de la celebración de las votaciones. En definitiva: no puede haber campaña electoral hasta que no sean aprobados los candidatos a los cargos electivos que habrán de cubrirse en la elección.

A todas luces, entonces, estamos en presencia de una inconsecuencia entre esta definición y el artículo 3 del mismo documento que fija el inicio y el fin de la misma: “La campaña electoral comienza al día siguiente de la publicación de la proclama electoral y concluirá cuarenta y ocho (48) horas antes del día que deba de realizarse la votación. Para los fines de este reglamento la campaña electoral se inicia con la proclama”

¿Como es posible que se diga que la campaña inicia con la proclama electoral, que es un acto que convoca a elecciones, y por la otra que es una actividad de promoción de candidatos aprobados? Sin presentación de candidatos y aprobación de estos no puede haber campaña electoral. En este aspecto medular, el proyecto de reglamentos contradictorio.

La única posibilidad racional de reducir el tiempo de campaña es precisamente esta: iniciándola luego de la aprobación de los candidatos (60 días antes) y concluyéndola 48 horas antes del día de votación. Dos meses es un muy buen tiempo.

La legislación electoral dominicana no habla en ningún caso de “campaña electoral” y las cuatro veces que la menciona lo hace incidentalmente. Como no precisa el concepto, su análisis prohíja mucha imprecisión. No toda actividad político partidaria es de actividad de campaña. Las acciones de campaña se caracterizan y se manifiestan luego de ser definidos los candidatos que son a los que habrá de votar.

Nuestra ley electoral únicamente habla de periodo electoral, esto es, una concatenación de siete fases que inicia con la proclama o convocatoria de elecciones. Asimilar la campaña al periodo electoral es incorrecto. En un trayecto -valga como símil- de Santo Domingo a Puerto Plata, la campaña correspondería al tramo Bonao-Santiago pero en ningún caso al viaje completo.

Se habla mucho de regulación y de duración pero sin explicitar un concepto claro y preciso, y agrego correcto, nadie puede entenderse razonablemente. Aunque da la impresión que hay quienes no quieren entender que esa conceptualización es tan elemental que aparece en cualquier texto de teoría electoral y en los derechos positivos de países con mayor y amplia experiencia democrática.

El Sol, por más que queramos taparlo con un dedo o con la palma de la mano, sigue y seguirá ahí.

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA

Publicado originalmente en

Periódico HOY de

Republica Dominicana

Junio 26, 2007

© Julio Brea Franco 2007

Florida, USA